San Francisco.EFE Un nuevo documental sobre Enron, la empresa que protagonizó uno de los mayores escándalos corporativos en la historia de EE. UU., ahonda la parte negativa del ideal de los norteamericanos, afirmó el director de la cinta, Alex Gibney.
A Gibney se le compara estos días con Michael Moore, el galardonado director de Fahrenheit 9/11 , lo cual no le molesta, aunque advierte que su estilo es muy diferente.
Comedido y riguroso, Gibney está muy lejos de ser un hombre espectáculo como el otro cineasta, pero esto no impide que su nueva película sobre la compañía energética Enron dé igualmente que hablar y sea el bombazo de la temporada.
El filme narra el colapso de la compañía de Texas a manos de sus directivos, que aparecen retratados como personajes avaros sin una pizca de escrúpulos.
Al frente de este moderno Titanic, que se hundió llevándose por delante los trabajos y ahorros de miles de empleados, está Kenneth Lay, llamado "emperador desnudo" en la producción.
Lay no duda en apropiarse de la tragedia del 11 de septiembre de para decir, en una reunión poco antes del colapso de la empresa que, al igual que EE. UU., también Enron sufre un ataque.
El filme es entretenido y fácil de digerir, a la par que informativo, porque por detrás de la complicada ingeniería financiera y los trucos imposibles que se derrumbaron como un castillo de naipes, siempre está como telón de fondo el drama humano, la avaricia.
Basado en el libro The Smartest Guys in the Room ( Los tipos más listos del lugar ), escrito por los periodistas de la revista Fortune , el documental comienza con el suicidio, a comienzos de 2002, del ejecutivo Cliff Baxter.
"Quise reflejar el proceso de la corrupción en incremento, la corrosión gradual de Enron", dijo Gibney, quien acudió a San Francisco (California) para presentar la película en el Festival Internacional de Cine que se celebra allí.
El filme está estructurado en torno a los principales ejecutivos: el presidente Jeff Skilling y Andrew Fastow, exdirector financiero.