Londres. Encantador, razonable, inteligente, sofisticado... ¿acaso es posible que hablasen en verdad de Slobodan Milosevic?
Es difícil recordar ahora que una vez líderes de Occidente encontraron todas esas cualidades en el hombre a quien luego, por la crisis en Kosovo, satanizaron como el último déspota de Europa y hasta como un Adolfo Hitler contemporáneo.
Tampoco es fácil, con la euforia que se extiende por Serbia ahora que parece haber caído, recordar que, en una oportunidad, su pueblo lo amaba.
Pero Milosevic, de 59 años, se aferró al poder durante 13 años a pesar de humillaciones militares, la secesión de la mayor parte de Yugoslavia y un descalabro económico... y eso requiere de habilidad de supervivencia.
Si en ocasiones engañó a Occidente, también cautivó a su propio pueblo, recurriendo al dolido nacionalismo de los serbios en torno a Kosovo para autopropulsarse de funcionario comunista a dictador.
Con su carácter configurado por los suicidios separados de sus padres, el comunismo y la influencia vitalicia de su esposa, Mirjana Markovic, de una voluntad férrea, Milosevic se volvió cada vez más ambicioso.
Ese deseo de controlar, correspondido por una astucia que genera frecuentes comparaciones con Maquiavelo, le permitió mantener un intenso control, hasta que al final subestimó cuán hartos estaban los serbios de las penurias y cuán inusitadamente unida se había vuelto la oposicin.
"Su ideología única es el poder", dijo el viernes Lord Owen, de Gran Bretaña, quien pasó prolongadas sesiones negociando con Milosevic en torno a Croacia y Bosnia a principios de la década de 1990.
El oportunista funcionario comunista dio un giro de 180 grados en 1987 para abanderar el largamente reprimido nacionalismo serbio, al percatarse de que podía explotar el temor de que los serboalbaneses de Kosovo llegasen a altos cargos.
Enviados occidentales y observadores políticos dijeron que, a diferencia de su rival croata, Franjo Tudjman, Milosevic era un especialista en tácticas que utilizó el nacionalismo, más que en verdad creer en él.
"El está dispuesto a cambiar de ideología todos los días. El cambiará sus creencias, lo mismo que sus aliados. Utilizará a cualquiera y luego se deshará de ellos", dijo Ivan Stambolic, quien preparó a Milosevic dentro del Partido Comunista pero luego fue hecho a un lado.
Owen dijo que Milosevic puede ser pragmático y razonable en áreasque no considera fundamentalmente interesantes, lo cual incluye, ante las presiones de Occidente, los serbios en Croacia y Bosnia, cuyos alzamientos había respaldado.
"En donde no es capaz de concertar avenencia alguna y en donde se le ve de manera descarnada es cuando uno se adentra en conversaciones relacionadas con Kosovo", dijo a Reuters el exdiplomático británico.
"Siempre fue dramática esa transformación en el hombre cuando uno lo presionaba en torno a Kosovo. El encanto superficial se desvanecía y se volvía como rata acorralada. Era entonces cuando uno se percataba de que el tópico se refería, fundamentalmente, a sus propios intereses", agregó.
"Era irracional y rígido e ideológico en lo relativo a Kosovo, porque esa era la raíz de su poder", dijo.
El poder desenfrenado ha permitido enriquecerse a la familia de Milosevic, en especial a su hijo, Marko, pero eso nunca pareció ser una meta en sí misma.
"A él no le preocupan su familia o hacerse con millones de dólares para sí. A Milosevic le gustan algunas comodidades, pero nada demasiado espectacular", dijo el historiador británico Misha Glenny.
Edición periodística: Adriana Quirós Robinson, La Nación Digital. Fuente: agencias.