Ignorados durante largo tiempo por la industria de la moda, cada vez es más común que los cuerpos con sustancia se abran paso en desfiles, revistas y en el mundo de la publicidad, tanto en Europa como en Estados Unidos.
Esos cuerpos pertenecen a mujeres hermosas y saludables que transmiten a clientes y lectores una reconfortante sensación de realidad con sus curvas de talla M en adelante.
Y, aunque se trata de iniciativas aisladas, son ampliamente publicitadas, ya que sirven para que el sector se lave la cara en su sospechosa promoción de un canon de belleza de imposible delgadez.
En Costa Rica, también se está dando este cambio de mentalidad aunque el proceso parece ir más despacio que en otras latitudes. (
Estados Unidos nos lleva la delantera. A principios de este año, una edición de la revista de culto
“La idea surgió en Barcelona, España, hace más de un año”, explica el editor de la revista, Stephen Gan, desde Nueva York. “Me contaron que Cibeles exigía un índice de masa corporal mínimo para desfilar. Me pareció sorprendente: en el mundo de la moda todo el mundo lucha por estar más y más delgado. Luego, en septiembre, conocí a Crystal Renn. Me habló de cómo estuvo a punto de morir en su esfuerzo por mantenerse delgada y tener éxito como modelo. Me impresionó esta chica cuyo sueño era ser aceptada por la industria. Es ridículo cuán obsesionados estamos con el peso. Puse a mi equipo a trabajar para sacar el número después de Navidad. En esa fecha, la mayor parte de la población se hace el propósito de mejorar su cuerpo. Era el momento de mandar nuestro mensaje: la belleza no es cuestión de medidas”.
Aunque en la revista aparecían también mujeres afiladas como agujas, la inspiración y la estrella era Crystal Renn. Se trata de la líder espiritual y carnal de una oleada de modelos que exhiben como carta de presentación un código numérico distinto de aquel mítico 90-60-90.
Hoy, el dígito de moda es ser talla 12 o M (una talla más realista). El equivalente, en la industria americana, a la talla 44 española.
La improbable
El pasado otoño, esta modelo publicó una biografía –
Su lucha con la anorexia y su rebeldía ante la imposición de elegir entre comer o trabajar en la primera división de la moda, la han convertido en una solicitada oradora.
En los últimos meses, Renn ha aparecido en toda clase de programas de televisión de su país. “Su carrera está en un ascenso increíble”, asegura Gary Dakin, director de la división de modelos de tallas grandes de la agencia Ford, a la que pertenece.
“En los próximos meses, aparecerá en editoriales de moda alucinantes. En un par de años, con suerte, en campañas de cosméticos. Lo suyo no es una mera anécdota. La industria la ha aceptado y ella ha cambiado la mentalidad de muchos. Además, ha abierto el camino para otras. Ahora tengo que rechazar muchas propuestas para las chicas que represento. Por ejemplo, me niego a que anuncien productos para adelgazar. No están a dieta ni quieren estarlo. Son chicas que se cuidan, hacen ejercicio y comen saludablemente. Cuerpos armónicos, sanos y bellos que utilizan una talla 12 ó 14 ”.
Estas cifras estaban hasta ahora circunscritas al llamado mercado de tallas especiales, que produce ropa a partir de la talla L o XL. “No existe una talla más o menos normal o más o menos real”, matiza la socióloga Carmen Bañuelos.
“Cada persona tiene la suya, que puede estar o no en boga. Ahora se busca la normalidad haciendo visibles a mujeres que antes no tenían cabida en la moda. Tiene que haber imágenes mediáticas transgresoras que rompan los moldes impuestos durante años”.
El vanguardista diseñador Mark Fast sabía que conseguiría un impacto cuando, en setiembre del año pasado, eligió a tres jóvenes con tallas 12 y 14 para exhibir sus ajustadísimos vestidos para esta primavera en la semana de la moda de Londres.
Algo más ingenua pareció la publicación, en el número de setiembre de la revista
La imagen apenas ocupaba media página de la edición estadounidense de la revista, pero desató una marejada de reacciones; la mayoría muy positivas..
“Esa foto ha recibido más atención que casi cualquier otra de la historia de la moda”, exagera Jon Ilani, director de
También en otras compañías han notado un auge en la demanda de sus modelos más allá de los clientes habituales del mercado de tallas grandes.
“Estamos trabajando con clientes editoriales de prestigio. Por ejemplo, la directora de
El hecho de que la talla XS ó S sea el ideal de belleza en una sociedad que, por otra parte, está cada vez más gorda, es una paradoja difícil de obviar. Además de las medidas acometidas por la pasarela madrileña, el Ministerio de Sanidad español inició en el 2007 un proyecto para unificar las tallas de los fabricantes españoles. De aquel polémico estudio surgieron los discutidos diábolos, campanas y cilindros para etiquetar a la morfología femenina, pero también un dato pasmoso: aunque el 86,1% de las españolas tiene una relación saludable entre estatura y peso, más del 40% tiene problemas para encontrar ropa de su talla. Lo mismo sucede en Estados Unidos y América Latina.
Durante la pasada Semana de la Moda de Londres, Sarah Brown –esposa del Primer Ministro– organizó un debate con el título de
Bajo el críptico y a menudo incomprensible código del tallaje contemporáneo, se esconde una cruda realidad: la sociedad ha perdido los parámetros básicos de pequeño y grande. De regular y de extraordinario.
“Hay chicas que no tienen que incurrir en desórdenes alimentarios para mantener una talla S, argumenta Gary Dakin. Todos conocemos a mujeres naturalmente muy delgadas. Pero son características genéticas. Criaturas bellas, pero inimitables. ¿Quién es responsable de que un singular y poco usual rasgo genético se convierta en un objeto de deseo? Los agentes culpan a los diseñadores de producir muestras demasiado pequeñas de la ropa; estos, señalan a revistas y fotógrafos como artífices de una estética afilada a golpe de Photoshop.
Alexandra Shulman, la directora de la edición británica de
Afirmaba que, de otra forma, se veían obligados a utilizar modelos muy delgadas y luego retocarlas para que parecieran más gruesitas en su esfuerzo por promover una imagen más saludable de la mujer.
“Todo el mundo es responsable de la imposición de un canon tan delgado”, asegura Stephen Gan. Y agrega: “Fotógrafos, editores, diseñadores, estilistas. Yo lo soy. Cualquiera que trabaje en la moda lo es. Ahora nuestro ojo está acostumbrado a chicas muy flacas. Pero en los 80 y 90 eran mucho más grandes. La moda es cuestión de silueta. Cuando vemos fotos de los 80 nos parecen grotescas las proporciones que dibujan las enormes hombreras.
Pero en ese momento parecía armónico y deseable. Tal vez lo mismo nos ocurrirá dentro de unos años con las modelos tan esqueléticas. Además, todo esto es terriblemente relativo.
Lara Stone es la modelo del momento. Objetivamente, es una joven flaca, pero cuando la ves en una pasarela con otras 30 modelos, es claramente más grande”.
El caso de Stone, una holandesa de 26 años, se señala como otro indicador de que algo está cambiando. En realidad, la relación inversamente proporcional entre lo leve de este quiebre y lo magnificada que está su repercusión, evidencia la culpabilidad que arrastra la industria.
Se hacen grandes aspavientos sobre que el suyo es el triunfo de la mujer con curvas y, en efecto, su cuerpo muestra ondulaciones inauditas en las ninfas adolescentes que pueblan las pasarelas. Pero se trata de un cambio tan sutil que hay algo perverso en aplaudirlo como una gran revolución. Y aún ese mínimo avance ha tenido su costo. Vemos a una modelo que sustituye a Madonna en la publicidad de Louis Vuitton, pero ella misma acaba de revelar que la frustración de escuchar la palabra ‘gorda’ entre cuchicheos o de enfrentarse una y otra vez a ropa que no le cerraba la llevó al alcoholismo.
“Hay una generación que se está matando por conseguir un cuerpo de tallas pequeñas porque cree que eso equivale a alcanzar el éxito social”, explica la psicóloga Bañuelos.
La apertura del canon de belleza imperante y la inclusión en este de cuerpos no estrictamente filiformes no equivale, en todo caso, a una apología de la obesidad, sino de la diversidad.
“Michelle Obama es un ejemplo perfecto de este nuevo modelo estético”, dice Mónica de Bellis, de Marina Rinaldi. “No se trata de defender el hecho de engordar por engordar. Ella hace deporte, come saludablemente y está contenta con su cuerpo y su vida”.
De Bellis observa un cambio en la actitud de sus clientes. Cada vez son más y más exigentes. “Las tallas son mucho más pequeñas que hace diez años. Incluso, si la sociedad no fuera más voluminosa, necesitaría una talla mayor. Por otra parte, es cierto que la moda debe ser aspiracional, pero hay que plantearse que ese sueño no puede ser una niña de 14 años anoréxica. Si el deseo se aleja de la realidad hasta convertirlo en un imposible, se daña al consumidor”.
De las publicitadas incursiones de modelos más gruesitas en el circuito de la moda internacional queda por ver cuánto de esto se hace para limpiar conciencias.
Por lo pronto, el movimiento ya tiene su propio
En España, pasada la controversia inicial, la exigencia de que las modelos de la Cibeles Madrid Fashion Week cumplieran con un índice de masa corporal mínimo se lleva con normalidad.
Esther García, responsable de
Solo el tiempo dirá si el cambio es real. Duradero ya es mucho pedir, porque lo único seguro en la moda es que nada dura demasiado.