La Habana, 28 mar (EFE).- Un público atraído por la espectacular arquitectura del francés Jean Nouvel y una divertida instalación del español Antoni Miralda sobre cultura culinaria iberoamericana, colmó hoy salas expositivas de la Bienal de Artes Plásticas de La Habana.
Jouvel dijo que quiso "saturar" el lugar y "condensar" su trabajo al mostrar un collage de imágenes de sus proyectos en distintas ciudades del mundo pegadas en las cuatro paredes de una sala del Centro Hispanoamericano de Cultura.
"Defiendo una arquitectura de especificidad y de singularidad, que para mí siempre es la petrificación de un momento de la cultura y debe dar testimonio de ese momento", afirmó.
El artista francés comentó a los asistentes, en su mayoría profesionales y estudiantes de arquitectura, las imágenes repartidas en la estancia, algunas referentes de proyectos que consideró "nunca se construirán".
Entre ellos figuran, la que hubiera sido la torre más alta de Europa, concebida para París con una altura de 425 metros, y los jardines colgantes que ideó para el techo de la ciudad.
También incluye obras hechas realidad, como el Instituto del Mundo Arabe, en París, el Museo Reina Sofía, en Madrid, o las galerías Lafayette, el primer gran edificio construido tras la caída del muro de Berlín, y otras que aún pasan por el proceso de estudio para llegar a su edificación.
Como la mayor parte de las exposiciones de esta Bienal, bajo el tema "Dinámicas de la cultura urbana", en el antiguo Convento de San Francisco de Asís, el catalán Anto Miralda expone un proyecto itinerante y en proceso sobre cultura culinaria que incorpora a La Habana entre trece ciudades iberoamericanas.
Luego de visitar Caracas, Bogotá, Ciudad México y Lima, el artista llegó a la capital cubana con "Sabores y lenguas" para "registrar y reflexionar acerca de lo que se come y no se come y su topografía culinaria urbana".
En los platos que componen una "vajilla imaginaria" y en las pizarras instaladas en algunas paredes el público escribe refranes, frases y piropos en torno al comer, que se van registrando y borrando durante la muestra.
Para esta particular mirada artística, Miralda y su equipo de colaboradores recopilaron fotos, recetas y objetos particulares de la cocina cubana durante varias semanas.
Algunas decenas de platos de cerámica colocados sobre el suelo recogen inscripciones y aluden a comidas que han marcado el paladar de los cubanos en los pasados años noventa, del denominado "Período especial", de crisis económica.
Paralelamente, en vitrinas exhibe alimentos que reciben los cubanos por la cartilla de racionamiento, y artículos de cocina que van desde las modernas ollas de presión y arroceras distribuidas en la isla en tiempos recientes, hasta rudimentarias cafeteras, ralladores y coladores de café.
"Aquí hay muchos elementos simbólicos que tienen que ver con la comida, objetos, el mercado, la iconografía culinaria urbana y con los que viven aquí que van a comunicarnos lo que piensan acorde con su identidad", señaló el artista.
Miralda subraya que se trata de "una obra de arte con piezas cargadas de simbolismo" y además "una instalación progresiva en proceso, participativa e itinerante" que tiene como próxima escala la Bienal de Arte de Sao Paulo y seguirán Barcelona, Buenos Aires, Madrid, Managua, Miami, Montevideo, San Juan y Santo Domingo. EFE
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