Conforme transcurría la película más me asombraba. Hablo del estreno de la cinta Kick-Ass: Un superhéroe sin superpoderes (2010), agregado en español para suavizar la grosería del título en inglés. El filme es dirigido por Matthew Vaughn (también coguionista), quien se basa en un cómic creado por Mark Millar. Mi asombro, con el metraje del filme aumentaba por razones distintas.
Primero, debo aceptar que se trata de un largometraje prácticamente impecable con su técnica cinematográfica, en el diseño de la planificación y en la dirección de actores (excepto con Nicolas Cage, quien ya no tiene remedio como mal actor). La fuerza visual de la película no tiene discusión.
Segundo, de la admiración por lo formal uno se va quedando boquiabierto por la descarada falta de ética de la trama, ¡ah, paradoja!, reforzada por la exactitud de las imágenes. O sea, el talento formal de Kick-Ass (en sus 117 minutos) solo vigoriza el carácter hiperviolento, irresponsable, descarado y peligroso del argumento. En su suma, se trata de una película tramposa.
Me dicen que la historieta en que se basa es igual de sanguinaria y peor de brutal. Hasta ahí. Ya sé que no la voy a leer, al menos que me la impongan por tortura. ¿Por qué este carácter tan innecesariamente violento y abiertamente fascista en una película cuando la sociedad detona con tanta violencia real?
Hubo un momento en que Kick-Ass me saturó y, si me quedé ahí sentado, no fue por un acto de esperanza, de que por lo menos al final sucediera algo positivo, no, me quedé por obligación para con mis lectores (los tengo, aunque algunos me leen porque luego disfrutan mucho del hablar mal de mis comentarios, sobre todo si se trata de películas costarricenses).
Nada. Más bien el final de la cinta sugiere una segunda parte con una niña y un adolescente como personajes principales (superhéroes sin poderes), pero con crueldad de torturadores en sus venas y mentes, supuestamente para combatir a mafiosos igualmente atroces. ¡Vieran la golpiza que se lleva esa niña en una larga secuencia! Luego nos preguntamos que por qué sucede lo que acontece en la vida real, a nuestro alrededor y con las guerras rapaces.
No le vamos a echar toda la culpa al cine, ni a todas las películas, pero la presencia de un filme como Kick-Ass, más que una crítica de cine, merece un análisis sociológico y psicológico. ¿Por qué se filma bien una película con tal ausencia de ética? ¿Quién la distribuye, por qué? ¿Por qué los dueños de salas permiten pasarla? ¿Por qué hay espectadores? ¿Por qué hablo de ella en la prensa y no la ignoro? ¿Por qué esta crítica hoy? ¿Para qué?