Cuando nació, el pronóstico de vida para Angie Mena Jiménez fue de cuatro meses. Ahora tiene 17 años y no ha parado su batalla por permanecer en este mundo.
Angie es una de las "bebés" más chineadas de la congregación Hermanas de Magdala.
Las 13 religiosas atienden a más de 30 ancianas y a dos hogares de jóvenes abandonados, en Paraíso de Cartago.
Además, tienen dos hogares con 18 niños, en San Rafael y en Guachipelín de Escazú.
Angie es una de esas menores que cuidan con mucho esmero porque sufre de parálisis cerebral severa.
Sus padres la abandonaron cuando tenía tres meses en el Hospital Nacional de Niños. Desde entonces ha estado bajo el cuidado de las hermanas, quienes hoy piden ayuda para que la joven siga con vida. Debido a una complicación pulmonar, Angie yace en una cama conectada a un respirador artificial, en el albergue de la congregación, en Alajuelita.
A causa de su delicada condición, requiere de una serie de cuidados muy costosos para los escasos recursos con que las religiosas cumplen con su misión. Angie sufrió una severa bronconeumonía e ingresó al hospital Cima el 22 de enero. Allí permaneció internada hasta el 16 de febrero, y ahora está bajo el cuidado de sus madres postizas.
"A ella se le dañaron los dos pulmones por la acumulación de flema y no puede respirar sin la ayuda del ventilador artificial. Ha sido un proceso muy duro y ocupamos apoyo económico para seguir adelante. Ella está consciente, nos mira y sabe que estamos a su lado", contó la madre María Magdalena de Jesús Figueroa, fundadora de esa congregación de religiosas.
Hasta ahora, las hermanas han logrado salir adelante con los gastos con donaciones.
"Hemos salido a tocar puertas y pasamos muchos apuros para conseguir el dinero para los diferentes pagos", contó la religiosa.
"Hemos tenido mucha ayuda. Por ejemplo, el hospital Cima nos regala el oxígeno para llenar los dos tanques que usamos con la máquina", añadió.
Pero no es suficiente porque las cuentas se agolpan en los escritorios de las hermanas: por el ventilador artificial pagan $800 (unos ¢340.000), cada mes; el terapeuta pulmonar que la atiende seis horas por día cobra ¢15.000, y aún deben parte de la cuenta al hospital Cima.
Entre los gastos también está la compra de suplementos alimenticios y medicinas.
Hay esperanza
"Ella puede vivir conectada al respirador dos meses, dos años o 20... Eso lo decide Dios y siempre hay posibilidades, según dicen los médicos, de que se recupere", indicó la religiosa, quien ha dedicado sus energías a atender ancianos abandonados, jóvenes con problemas, y niños con discapacidad.
Nacida en Sonsonate, El Salvador, decidió entregar su vida a Dios a los 14 años. En su congregación no solo Angie ocupa ayuda; el resto de niños y ancianos también requieren apoyo como alimentos, ropa, y medicamentos.
Si usted desea colaborar con las hermanas de Magdala, puede comunicarse a los teléfonos 254-5626, 574-7698, ó 228-9998.