Hollywood Watch. The New York Times Syndicate.
Juliette Binoche está sentada en una silla en el cuarto de un hotel de Toronto, luciendo un vestido negro. Con las piernas cruzadas elegantemente, el cabello negro, recogido en el peinado que es su sello personal, es la personificación de la sofisticación sensual de la estrella de cine europea, atractiva para públicos de diversas nacionalidades, de la que ha llegado a ser ejemplo.
“La Binoche”, como afectuosamente la llaman los medios informativos en su Francia natal, es una mujer que sabe ser fascinante.
Obtuvo por primera vez la atención del público de habla inglesa en 1986 con The Unbearable Lightness of Being . Una década después ganó el premio de la Academia a la Mejor Actriz de Reparto por The English Patient . En el año 2000, apareció en Chocolat, de Lasse Halstrom, con Johnny Depp, y debutó en Broadway con Betrayal, de Harold Pinter, por la cual fue nominada para un Premio Tony.
A pesar de todo, dice Binoche, nunca la ha tentado la idea de abandonar Europa por Hollywood.
“Tuve la experiencia de vivir en Nueva York cuando estaba (haciendo Betrayal ) en Broadway hace varios años” dice, “y medio jugué con la idea de vivir en Nueva York por el movimiento artístico de ahí, el ambiente cosmopolita y el entusiasmo y la energía. Pero es algo complicado porque tengo hijos y ellos tienen padres”.
Nunca se ha casado pero tiene dos hijos: un varón, Rafael, del buzo Andre Halle y una niña, Hana, del actor francés Benoit Magimel.
Binoche estaba en Toronto para promover dos películas, Disengagement, del director israelí Amos Gitai, y Flight of the Red Balloon, del cineasta taiwanés Hou Hsiao Hsien, una especie de homenaje al clásico infantil Le Ballon Rouge (1956), ganadora de un premio de la Academia, de Albert Lamorisse.
Binoche admite no haber visto la original Red Balloon antes de la producción e hizo la observación de que al parecer la cinta es más afamada en el extranjero que en la misma Francia.
Sin embargo, es Disengagement su primera cinta con el polémico director de Promised Land la que domina en la conversación.
Disengagement . Juliette Binoche tenía tiempo de conocer a Gitai antes de aceptar trabajar en Disengagement .
“Me había propuesto películas” recuerda, “y sentí que los temas no eran lo suficientemente fuertes como para relacionarme con ellos. Pero cuando me dio la sinopsis (de Disengagement ), pensé que había algo ahí que me gustaría explorar”.
Binoche interpreta a Ana, una francesa de herencia israelí quien, tras la muerte de su padre, restablece el contacto con su hermano, y espontáneamente decide viajar al Medio Oriente para localizar a su hija perdida tiempo atrás, a donde llega en el 2005 en medio de la agitación del retiro forzado de los colonos israelíes de Gaza.
A pesar de las reservas en cuanto a sus actividades, ella se enlistó.
“Fue una locura para mí porque acababa de filmar Paris, de Cedric Klapisch, y de pronto tenía que brincar a la otra en dos días, y tenía que ser alguien diferente”, recuerda la actriz con una carcajada. “Fue un momento algo traumático en ese entonces”.
Es posible que la transición en realidad haya sido para bien, agrega. “En ocasiones, cuando uno se fuerza a salir del agotamiento y cuando no se tiene mucho tiempo para pensar demasiado, uno simplemente se lanza (a hacerlo),” dice Binoche.
La escena en la que Ana se reúne con su hija (Dana Ivgy) es una estratagema cinematográfica brillantemente ejecutada con una coreografía extraordinaria. En una prolongada toma de seguimiento, Ana se topa con su hija, que supervisa un grupo de niños pequeños poco antes de que los colonos sean sacados por la fuerza de sus casas. Ambas se reconocen y se abrazan con timidez, la chica toca ligeramente el rostro de la madre y mancha sus mejillas con pintura.
“Sólo fue una toma,” dice Binoche, “y tengo que decir que fue la dirección de Amos. Puedo asumir la responsabilidad de algunas escenas, pero esa fue totalmente obra de Amos. Y nunca pensé que él podría usarla. Al final de la escena estaba tan furiosa con él, porque dirigía con su megáfono diciendo: ‘¡Voltea a la izquierda! ¡Voltea a la derecha! ¡Acércate!’ Así es que me sentía como un paquete que tenía que dar vueltas. Me sorprendió lo bien que funcionó.”
A Gitai le gusta usar el megáfono, al parecer, y eso generó cierta tensión con Binoche, quien prefiere un enfoque más de persona a persona. Después de la presentación de la cinta en Toronto, la actriz describió su trabajo con Gitai como “una pelea por un pedazo de carne”. Cuando después se le preguntó sobre esa expresión, rió pero no se retractó.
“Tuvimos altas y bajas,” dice, “pero en conjunto, al final del viaje, creo que nos queremos y nos respetamos ... Hay que reírse de las cosas. Fue encantador y estuvo lleno de vida” puntualizó.
Relación. Binoche, cuyos abuelos maternos fueron polacos sobrevivientes de Auschwitz, ha seguido el conflicto israelí-palestino, y supo del retiro israelí de la Franja de Gaza.
“Recuerdo claramente cuando había temor de que fuera a explotar,” dice. “Y en realidad, aun cuando fue doloroso, desde el punto de vista de alguien de afuera, pareció que no hubo complicaciones. Claro que cuando uno ve documentales, es más complicado. Pero, lo más importante, no hubo muertos.”
“Tengo que decir que Amos ha sido mi maestro por años,” agrega Binoche, “y hablamos mucho sobre la situación. Me enseñó la historia de Palestina y todos los conflictos diferentes. Ha hecho algunos documentales maravillosos que me proporcionó, y los discutimos muchas veces. Me interesa saber lo que está pasando, y no sólo leerlo en los periódicos que tienen solamente una versión”.
En un inicio, admite, era mucho menos solidaria con los colonos israelíes que habían ocupado partes de la Franja de Gaza después de la Guerra de los Seis Días en 1967, y que después fueron desplazados por la fuerza por el gobierno israelí en el 2005.
“Tengo que decir que, cuando estaba pasando, pensé: ‘Esas personas realmente tienen que abandonar ese lugar ... No hay otra salida. ¿Por qué se aferran a cosas como esa?’” dice Binoche. “Y cuando vi los documentales, cambié totalmente de opinión. Entonces uno se da cuenta de que la gente nació allí. Los vecinos, las amistades, la educación, los olores y todos los sueños que conllevan, están en ellos. Y de pronto, tienen que irse ... (Esto) fue otro conflicto que nunca imaginé en tanto persona de fuera”.
“En cada lado es muy doloroso,” agrega. “Es terrible. Creo que era necesario que se fueran ... Y, de nuevo, desde el punto de vista de alguien de fuera el tema es interminable porque si uno no toma partido, de alguna forma ya lo está haciendo”.
Binoche agrega que no cree que Disengagement descalifique a ningún lado de la valla política.
“Lo que me gusta de la película es que no trata de juzgar,” expresa. “Expone los sentimientos de las diferentes partes ... Creo, en tanto artista, que se tiene que estar dispuesto a exponer los temas políticos porque son humanos, y es importante responsabilizarse de ellos. Ya sea que se crea o no, una tiene que lanzarse. Se tiene que estar dispuesto a explorar.”
No todas sus películas próximas o recién estrenadas son de temas tan serios. Binoche coprotagoniza la comedia Dan in Real Life, de Steve Carell, y está a punto de ir a Argentina para ser la protagonista en Another World of Silence, de Santiago Amigorena.