Puede ser común que, en algún momento de la vida, a alguien se le ocurra dudar si sus padres son los verdaderos. Sucede menos que, por error, dos bebés recién nacidas sean intercambiadas y entregadas a las familias incorrectas. Ambas cosas llegan a ocurrir en Switched at Birth ( Cambiadas al nacer ), exitosa serie, cuya segunda temporada usted podrá ver por el canal Sony, a partir del 1.° de diciembre.
La primera entrega –de 30 capítulos– se transmitió completa para Latinoamérica por el canal Sony Spin.
Lizzy Weiss es la creadora de este interesante drama, que tiene como protagonistas a las jóvenes Bay Kennish (Vanessa Marano) y Daphne Vásquez (Katie Leclerc).
Fue a raíz de un proyecto científico del colegio –en donde se estudiaban los tipos de sangre– que Bay notó cómo el suyo no coincidía con el de su mamá y papá. En ese momento, una duda razonable la asaltó: ¿sería acaso posible que Kathryn (Lea Thompson) y John (D.W. Moffett) no fueran sus verdaderos progenitores?
Bay no se quedará impávida ante semejante interrogante y convence a sus padres para que se realicen las pruebas genéticas de rigor, momento en que la chica confirma la sospecha y conoce una impactante verdad: debido a un garrafal error cometido en el hospital, la hija biológica de Kathryn y John, Daphne Vásquez (Katie Leclerc), terminó en los brazos de Regina (Constance Marie), una luchadora madre soltera de muy bajos recursos económicos. Simultáneamente, Bay, hija biológica de Regina, acaba siendo criada por Kathryn y John.
Realidad antagónica
Aunque geográficamente viven a pocos kilómetros de distancia, la vida de ambas familias no podría ser más distinta.
Bay es una adolescente con dotes de artista, criada por su madre ama de casa, e hija de un famoso exjugador de béisbol profesional. Ella vive, además, con su hermano Toby (Lucas Grabeel), en los barrios ricos de Mission Hills, Kansas.
Daphne, por otra parte, radica con su mamá y con su abuela Adriana (Ivonne Coll) en un barrio de clase baja, en la localidad de Riverside, Missouri.
Con el descubrimiento de que las jóvenes adolescentes no son quienes debieran ser, nace una relación –en otras circunstancias bastante improbable– entre la hija sorda de una madre soltera (Daphne perdió la audición cuando era niña a causa de un brote de meningitis) y la hija privilegiada de una pareja suburbana.
El nuevo vínculo familiar se estrecha cuando los Kennish se enteran de los problemas financieros de Regina y de la sordera de Daphne, y para ayudarles les proponen trasladarse a vivir a su casa de huéspedes.
Bajo estas nuevas condiciones, las jóvenes y sus familias se verán obligadas a aceptar y tratar de entender las diferencias que las separan, pero, al mismo tiempo, es también una oportunidad para acoger sus muchas similitudes.
Lección de convivencia
En medio de esta confusión, se suscitan numerosos momentos incómodos y dificultades, como la molestia de Bay por la atención que sus padres le dan ahora a Daphne, muy a pesar de que su madre insista en que “nada ha cambiado”.
Otro obstáculo inicial tiene que ver con el antagónico estilo de crianza de los Kennish y los Vásquez, situación que deberán resolver con aceptación y mucha tolerancia.
Se suman al elenco Angelo Sorrento (Gilles Marini), padre biológico de Bay Kennish, y figura paterna ausente de Daphne Vásquez, y Emmett Bledsoe (Sean Berdy) mejor amigo de Daphne, quien también es sordo, y se niega a utilizar su voz para comunicarse, incluso con personas oyentes.
La serie se sustenta –como se ve– en un mundo de contrastes, en donde una familia rica y otra pobre, una tradicional y otra no tanto, se ven unidas por el destino.
A esto hay que sumar la condición de sordera de Daphne, un elemento que aporta una importante y aleccionadora historia paralela, sobre la cultura de las personas no oyentes y adiciona complejidad emocional a la trama.
Una lectura del subtexto llama la atención sobre la brecha social existente entre los estratos sociales estadounidenses y su relación con las oportunidades de acceso a los recursos y servicios, incluida, por supuesto, la atención médica.
Desde la óptica de Brian Lowry, de la revista Variety , Switched at Birth inevitablemente empuja a sus personajes a considerar cómo su vida podría haber sido diferente, incluso en su intento de dar cabida a la introducción repentina de la “familia” que no sabían que tenían.
Hay también –prosigue en su reseña– una exploración intrigante de la naturaleza de lo que los niños heredan frente a aquello que les fue enseñado.
La tensión entre padres y las relaciones evolutivas que veremos entre las adolescentes, son otros componentes en el desarrollo de las historias y en la construcción y transformación de los personajes.
“Por única vez, un show que gira en torno a la petulancia adolescente tiene una buena excusa para ello, lo que obliga a las jóvenes y a los padres de familia a contemplar las vidas muy diferentes que podrían haber llevado”, apunta Lowry.
Si bien los acontecimientos expuestos en Switched at Birth pueden parecer surreales, y a veces hasta forzados, tal y como señala Mary McNamara, de los Los Angeles Times , las logradas actuaciones logran mantener la historia bien fundamentada y hacer que otra familia alternativa estadounidense florezca bajo el sol californiano. 1
