LO QUE ESTE CUBANO le hizo a la música, no tiene nombre. Quedará reseñado en los libros de historia que, con Chucho Valdés, las teclas del piano se volvieron más negras.
Si algo ha marcado la carrera de este virtuoso que está a punto de cumplir 60 años, es su origen cubano, y todo el mundo sabe de dónde viene Cuba. Él mismo tiene un estribillo para eso: "África es la madre".
Para la salud del jazz no hubiera podido haber nada mejor porque Chucho Valdés ha dedicado su vida a fusionar estilos, utilizando el piano como terreno de pruebas. "La música tradicional cubana me hace sentir bien", declaró el año pasado, "pero también me siento así cuando toco jazz puro. Cada vez que hago una cosa, extraño la otra; por eso, mi empeño en hacerlas coincidir en un solo proyecto".
Con Irakere, grupo fundado por Valdés a inicios de los años 70, empezó una nueva era en la música contemporánea, donde el jazz pasaba a manos de músicos cubanos para ser lanzado a un campo de experimentación salvaje.
Irakere hizo escuela y fundó un mito. Durante una visita que el grupo hizo al país el año pasado, el crítico de música Alberto Zúñiga definió su significado en pocas palabras: "Irakere es un icono: un epónimo pues dio nombre a una época o a un período del jazz latino, y bajo sus siete letras se erigió una gran tribu de respetuosos seguidores. Esta, sin duda, es una buena razón para que Chucho Valdés, su director y pianista, se mueva por el mundo y para que delante de él vaya el nombre del grupo abriendo paso a su indiscutible excelencia".
Entre negras y blancas
A Valdés nunca le faltó impulso para intentar sus propósitos artísticos. Si a los 3 años ya tocaba el piano, es fácil imaginar lo que haría después, criado en un hogar donde el ambiente tenía más de teatro que de clase media y en un país donde las calles tienen más música que asfalto.
Su padre, el legendario pianista Ramón Bebo Valdés, y su madre, una excelente pianista -cuyo nombre cuesta encontrar en las biografías frecuentes- fueron los principales instigadores de su talento.
Su labor como intérprete, arreglista, compositor y miembro de infinidad de grupos, básicamente en Cuba y Estados Unidos, es un franco desbordamiento de capacidad creadora, que ha quedado reseñado en formatos tan diversos como discos (de los cuales Chucho tiene decenas, entre grabaciones originales y recopilaciones), incontables conciertos alrededor del mundo y una película como Calle 54, trabajo del español Fernando Trueba que, aunque es demasiado reciente para ser un clásico, muchos consideran como una obra de arte en el género documental. En el film, Valdés aparece junto a sus iguales, es decir, músicos de su talla como Paquito de Rivera, Tito Puente, Cachao, Michael Camilo y otros, incluyendo a su padre.
Joven para la música, Chucho Valdés acumula logros cada año que pasa, especialmente porque no se baja del escenario. En el mercado de la música norteamericana, ha tenido siete postulaciones al Grammy (de los cuales se ha llevado dos) y, a pesar del bloqueo de Estados Unidos a Cuba, parece sobreponerse a cualquier escollo diplomático, ya sea realizando exitosos conciertos en Miami, o como pianista en Crisol (una big band cubano-estadounidense) o como invitado de honor en el United States Interest Section's Sunday Jam. Porque Chucho Valdés todavía vive en Cuba y Cuba, por supuesto, en él.
Cómo, dónde, cuándo
¿Qué? Concierto de Chucho Valdés y su cuarteto.
¿Dónde? Salón El Greco, Hotel San José Palacio.
¿Cuándo? Viernes 16 de febrero.
Hora: 9 p. m.
Entradas: ¢10.000.
Grupos invitados: Sexteto de Jazz Latino y Timbaleo.
Entradas a la venta: Jazz Café (San Pedro) y Oficina de Productores Anónimos (Paseo Colón).
Reservaciones: Teléfonos 233-5608, 482-2155, 258-5338 y 257-6207.