Más allá del arco iris está el alma de Judy Garland. Ahí, sí, ahí, donde los sueños se hacen realidad bajo un cielo sin nubes, revolotean pájaros azules y los problemas se deshacen como gotas de limón.
Atrás quedaron las humillaciones, los complejos, las adicciones, el desaliento, los fracasos amorosos, la explotación, el dolor y la fatiga de una tortura artística que comenzó cuando tenía 30 meses de edad y terminó solitaria, en un hotel de Londres, abatida por una sobredosis de alcohol, drogas y un catálogo de enfermedades.
Como nadie podía brillar en Hollywood llamándose Frances Ethel Gumm se cambió a Judy Garland. Nació en 1922 en Minnesota y vivió –si eso fue vivir– solo 47 años. Murió el 22 de junio de 1969. Un mes después un astronauta fue más allá del arcoiris y llegó a la luna.
Filmó al menos 41 películas, de 1929 a 1963; tuvo siete programas de televisión, de 1955 a 1969; ganó todos los premios posibles:
En la memoria cinematográfica será recordada como
Muchos años después y gracias a ese papel en
La comunidad gay se identificó con Judy y la nombró como su ícono femenino en el 2009; según ellos
Pero a otra cosa mariposa. Judy fue una niña prodigio y de imagen dulce que cayó en el abismo de las exigencias inhumanas de la Metro Goldwyn Mayer (MGM), que la proveyó de estimulantes, tranquilizantes y depresivos para explotarla laboralmente y retrasar su desarrollo natural.
La pobre fue obligada a utilizar una faja elástica sobre el pecho para disimular sus grandes senos; además, su aspecto desentonaba con el tipo de belleza de aquellos años donde era poco menos que un “patito feo” a la par de Ava Gardner, Lana Turner y Elizabeth Taylor.
Por eso nunca estuvo a gusto con su imagen y trató de cambiarla sometiéndose a estrictas dietas que la llevaron a la anorexia; intentó suicidarse en tres ocasiones y pensaba que solo la querían porque tenía una voz extraordinaria, la misma que heredó su hija Liza Minelli.
Aunque tuvo muchos amoríos y cinco maridos, Liza nació de su matrimonio con Vincente Minelli. Este era un armario abierto aunque llevó con discreción su condición gay; los dos llevaron vidas separadas pero Minelli era un monstruo como director y pulió la joya que era Judy. Además de Minelli se casó con David Rose, Sidney Luft, Mark Herron y Mickey Deans, este último la encontró muerta en el baño de su apartamento.
Joseph L. Mankiewicz, el cineasta, sostenía que Judy no estaba mentalmente enferma sino que sus conflictos los había incubado en la niñez, cuando “había sido encerrada en cuartos oscuros por su madre y desarrolló un tremendo sentimiento de inferioridad que destruyó su infancia, su vida amorosa y generó un sentido de amor-odio hacia ella misma.”
La relación con su madre Esther degeneró en un pleito público. En mayo de 1952 ella denunció, en
En 1999 Lorna Luft, la hija que tuvo Garland con Luft, escribió “Yo y mis sombras: una memoria familiar” y expuso abiertamente la inestabilidad emocional de su célebre mamá.
Pocas personas sobreviven al éxito y Judy tampoco fue la excepción. Mezclaba su trabajo en el set con crisis nerviosas que paliaba consumiendo morfina para poder dormir.
En 1959 le diagnosticaron hepatitis y le anunciaron que viviría, a lo sumo, cinco años más. Vivió otros diez y no le mermó al trabajo. Otro médico le encontró pleuresía y uno más, una falla cardíaca. Cerca del final llegó a perder hasta 40 kilos, debido al consumo de drogas para reducir el apetito. Al cabo el cuerpo le pasó la factura.
Hasta que un día se fue al país de