Cinco décadas y media han pasado desde que los campos de concentración y exterminio nazis fueran liberados. Entonces quedaban en Berlín alrededor de 5.000 judíos, de los 170.000 que integraban la población berlinesa antes de la Segunda Guerra Mundial.
Hoy Berlín vuelve a tener la comunidad judía más numerosa de Alemania y la que más rápidamente crece, ya que cuenta con unos 12.000 integrantes, cifra que que se ha duplicado en diez años. Sin embargo, algunas fuentes estiman el número real de judíos en el Berlín del fin del milenio en 18.000 ó 20.000 pues no todos deciden hacerse miembros de la comunidad y pagar sus cuotas mensuales.
Este aumento del número de judíos en la capital alemana se debe a una oleada de inmigración de las antiguas repúblicas soviéticas, donde el creciente antisemitismo y las dificultades económicas han llevado a gran parte de su población judía a tomar la decisión de emigrar, muchos a Israel, otros a Estados Unidos, a América Latina, y otros a Alemania. El 75 por ciento de los actuales miembros de la comunidad berlinesa nació en el Este de Europa.
Pero, ¿por qué Alemania? Según Bárbara John, responsable de extranjeros del Senado (gobierno) de Berlín "poco a poco, los inmigrantes judíos han ido teniendo más confianza en la firmeza de la democracia alemana, de tal modo que incluso Berlín se ha podido convertir en hogar para refugiados judíos".
Muchos de ellos no pensaban al emigrar en la barbarie que protagonizó Alemania en el pasado, sino que lo importante para ellos era salir a un país con garantías de seguridad y estabilidad. Alemania está cerca y las afinidades culturales e idiomáticas hacen la adaptación mucho más fácil.
Artur, un joven nacido en Polonia que arribó a Berlín a los 15 años, en 1992, asegura: "Al llegar aquí me di cuenta de que el antisemitismo en Polonia es legal, a diferencia de Alemania. Aquí lo veo en los medios; en Polonia lo sentía en la calle".
Oscuro entorno
El perfil de los miembros de la comunidad está muy condicionado por las duras circunstancias de la inmigración: trabajan, cuando consiguen un empleo, en lo que pueden, casi siempre en puestos que requieren una cualificación muy por debajo de su capacidad y formación.
Y es que los judíos, que siempre dieron gran importancia a la formación itelectual, siguen teniendo una educación muy completa en relación con otras culturas. La mayoría de los que emigraron tenían en la Unión Soviética una buena posición profesional y un statussocial relativamente alto.
Aunque los judíos en la Unión Soviética no representaban más que el uno por ciento de la población, en 1989 el 11 por ciento de los científicos, el 15 por ciento de los médicos y el 10 por ciento de los juristas y escritores eran judíos.
La Comunidad Judía de Berlín, que por primera vez tiene un presidente nacido después de la Guerra, acoge en su seno a toda persona que sea capaz de certificar que es judía, lo que no siempre resulta fácil. Bajo su techo tienen cabida todas las tendencias religiosas, desde las más ortodoxas hasta las más liberales, cuyo culto se practica en seis sinagogas repartidas por la ciudad.
Sin embargo, la comunidad no solo tiene un sentido religioso, sino también cultural y social.
Poco a poco, las instituciones judías alemanas, que tenian su sede en el oeste del país, ha ido trasladándose a la nueva capital, donde la vida judía recobra parte de su antiguo vigor.
Prueba de ello son los numerosos restaurantes, cafeterías y kosher delisque están de moda en toda la ciudad. Abundan sobre todo en la zona donde ha sido recunstruida la Nueva Sinagoga incendiada por los nazis en la Noche de los Cristales Rotos, el 9 de noviembre de 1938, y bombardeada en 1943 cuyas espléndidas cúpulas vuelven a presidir el antiguo barrio judío berlinés.