¡FAMILIA! Esta es la palabra clave en la lucha contra la drogadicción. ¿Por qué familia? Porque la familia es el principal elemento protector de la juventud contra el consumo de drogas.
En este punto básico hubo coincidencia absoluta tanto entre expositores como entre el público asistente al debate que sobre el tema El impacto de las drogas en la juventud costarricense realizó, este miércoles, la revista Viva como parte de las actividades para celebrar sus diez años de existencia.
La discusión se llevó a cabo en el Cine Magaly y participaron Steven Kogel, psiquiatra y director del Instituto de Alcoholismo y Farmacodependencia (IAFA); Giselle Amador, coordinadora del Área Técnica y de Prevención de la misma entidad; Gonzalo Esquivel, consejero en problemas de adicción, y Fabiola Ulate, estudiante de undécimo año del Colegio Metodista. Unas trescientas personas, en su mayoría jóvenes, acudieron a la cita que se prolongó por dos horas.
La iniciativa de Viva tuvo el respaldo del Circuito de Cines Magaly y Radio 103.
Datos y cifras
El debate arrancó con cifras. Giselle Amador expuso los datos estadísticos que han lanzado las últimas investigaciones efectuadas por el IAFA sobre consumo de drogas en colegios y universidades, así como en la juventud en general.
Las drogas de mayor consumo entre jóvenes son las legales: el alcohol (64 por ciento de estudiantes de cuarto y quinto año de colegios) y el tabaco (33 por ciento de esa población). Un cuatro por ciento de estudiantes de esos niveles usa drogas ilegales, sobre todo mariguana y cocaína.
Amador llamó la atención sobre esos datos, que podrían no parecer tan graves si no se tomase en cuenta que los estudios determinan que las puertas de entrada a las drogas ilegales son el alcohol y el cigarrillo. Es difícil que alguien que no haya estado en contacto con ambos productos empiece a consumir mariguana, cocaína o crack.
Ella enfatizó en la necesidad de prevenir partiendo del consumo de alcohol y tabaco, socialmente aceptados, y recordó que, en muchos casos, la primera dosis de esas dos drogas se suministra en el hogar.
Otros datos fueron suministrados por el doctor Kogel quien mencionó que la droga que más gente mata es el tabaco; luego, el alcohol y los psicofármacos (tranquilizantes y anfetaminas), "que los médicos recetamos por toneladas".
Añadió que, en un nivel menor pero no menos preocupante, están las drogas ilegales, y que, con estas, las secuelas que se enfrentan son dramáticas.
Los dardos que lanzó contra la publicidad de las grandes compañías productoras de drogas lícitas fueron continuos, y aseguró que un niño, desde los tres años, es capaz de bailar y cantar las canciones de los anuncios de licor y tabaco. "Los niños -afirmó Kogel-, desde muy pequeños son preparados para ser consumidores de licor y cigarrillos".
Él esbozó como meta el prohibir la publicidad de tabaco en diez años, "y la del licor en un lapso un poco mayor". Pidió a la comunidad organizarse y presionar a la Asamblea Legislativa para conseguir esos objetivos.
Escudo familiar
Cuando se habló de la forma de alejar a los muchachos del riesgo de caer en la drogadicción, todos estuvieron de acuerdo: la familia es la base.
Un núcleo familiar donde se den las condiciones para que los niños crezcan con una autoestima fuerte, en el que cada uno asuma un proyecto de vida y en el que exista comunicación abierta y efectiva, es un escudo protector.
Fabiola Ulate fue quizá la más vehemente al pedir a los padres que "nos escuchen, nos entiendan y nos apoyen desde niños", pero sobre todo en el momento de la adolescencia, cuando se enfrentan tantas encrucijadas y todos los esquemas se tambalean.
Tanto ella como Gonzalo Esquivel fueron enfáticos al manifestar que los sentimientos de soledad, abandono, depresión y angustia mueven al joven a buscar respuesta en las drogas, porque no encuentran apoyo en sus hogares, sin saber que la drogadicción va a aumentar las crisis y no a solventarla.
Esquivel relató que su experiencia en el trabajo en la recuperación de adictos le ha permitido establecer que las familias disfuncionales, donde no se dan las condiciones propicias para el desarrollo integral de los muchachos, son una mano que impulsa hacia el consumo de drogas. Aunque habló de las excepciones que siempre existen, aseveró que es difícil que en una familia sólida prospere la adicción.
El otro punto básico en la prevención es el sistema educativo, porque, por más que los muchachos renieguen de él, el estar involucrado dentro de un programa de enseñanza o laboral, aleja el riesgo.
Durante la participación del público hubo coincidencia sobre la importancia fundamental que tienen la familia y los centros educativos como factores de protección.
Tanto padres como jóvenes enfatizaron la necesidad de tener comunicación fluida entre padres e hijos, y una comprensión a toda prueba que permita a los jóvenes confiar en que sus padres los apoyarán siempre, en las buenas y las malas.
Un poco de cada uno
Giselle Amador: Creemos en la prevención integral, aquella que permite a los jóvenes desarrollar sus potencialidades, fortalecer los factores protectores propios, para que puedan decir: "No, porque tengo un proyecto de vida".
Fabiola Ulate: La depresión, la presión de la competencia, la exigencia académica y la obligación de ser los mejores llevan a muchos jóvenes a la droga. Por eso, el apoyo de los padres es indispensable. Aquellos adolescentes que no lo tienen pueden recurrir a un guía o a un orientador. Los colegios deben entender que, cuando se descubre un muchacho que está en las drogas, no tienen que cerrarle las puertas porque con eso contribuyen a discriminarlo. Por el contrario, deben apoyarlo para que logre superar el problema.
Steven Kogel: Se tiene la percepción de que la mariguana no es muy dañina porque, en otros tiempos, muchos padres y adultos de hoy la probaron y salieron de ella; pero la mariguana es ahora mucho más fuerte que antes, y tiene el gran problema de que le quita a la persona todo deseo de salir adelante, de superar los escollos. El crack es mortal: es muy difícil librar a alguien que ha caído en él.
Las compañías productoras de licor y tabaco gastan, durante el año, unos ¢3.000 millones en publicidad: demasiado, comparado con los ¢12 millones que destina el gobierno a la prevención.
Gonzalo Esquivel: Esos muchachos que vemos en las noches en la calles, atrapados por las drogas, y las jóvenes prostitutas a las que la drogadicción llevó por ese camino, son la minoría. La mayoría de los adictos están en colegios y universidades, en familias económicamente estables.
Por lo general, el consumo de drogas no es la raíz del problema: es más bien el punto final de conflictos nacidos en la familia y que desembocan ahí.
Algunos teléfonos donde se puede pedir apoyo en casos de consumo de drogas son: 276-6556 y 276-9032 (ACERPA), y 224-6122 (IAFA).