En la jungla de su locura, Tarzán cree que es Tarzán. El simio blanco chilla desesperado y espera que Chita haya podido llevar a Jane su mensaje de auxilio, para que lo salve de esa horda de pigmeos que lo tenía amarrado con una camisa de fuerza. ¡Aaauaúaaa..! ¡Aaauaúaaa..! ¡Vana esperanza!
Esa fue la última vez que se escuchó el famoso grito de “Tarzán de los monos, llamando a los suyos”; antes de morir Johnny Weissmüller recobró la razón y entró al Valle de la Luz, montado sobre Tantor, su fiel elefante.
De aquel gigante de la natación que ganó 52 torneos en Estados Unidos, rompió 67 marcas mundiales, ganó cinco medallas de oro en las olimpíadas de París y Amsterdan y nunca perdió una competencia, solo quedó una masa de huesos y piel que pesaba 30 kilos. Devorado por las fieras de Hollywood, “Tarzán, el rey de los monos” acabó sus días el 20 de enero de 1984, en el Hospital Psiquiátrico de Acapulco, México.
El destino gobernó la vida de Weissmüller, el primero y más famoso Tarzán del cine sonoro y el único que podía filmar sin ropa, pese a la censura del Código Hays, allá por 1934.
Ni en el amor ni en los negocios tuvo suerte. Cuando lo abandonó la veleidosa gloria, su precaria economía se hundió. Tuvo seis esposas: Camila Louier, Bobbe Arnst, Lupe Vélez, Beryl Scott, Ailene Gates y María Brook, quien lo acompañó hasta el final, a los 79 años.
Debido al éxito de “Tarzán”, él le pagó $10 mil a Bobbe Arnst por el divorcio, ya que las mujeres lo adoraban y no aceptaban que quisiera a otras.
Vélez era un planta carnívora y su matrimonio fue una arena movediza. Él, que lo mismo despanzurraba un cocodrilo o estrangulaba un león, no pudo domar a la pequeña actriz mexicana, apodada la “escupefuego”. Era ninfómana y fue amante de Douglas Fairbanks, John Gilbert y Gary Cooper.
Las escenas de celos eran diarias y ella golpeaba, mordía, arañaba y marcaba el cuerpo de Weissmüller. A los 36 años Vélez se envenenó porque su último amante, Harald Maresch, la dejó botada y embarazada.
Weissmüller nació en la actual Rumania el 2 de junio de 1904. Era un niño enfermizo, goloso, enclenque, padecía de anemia, detestaba el ejercicio y aún más los estudios. Sus padres lo llevaron al médico y este le recetó un ejercicio que cambiaría su vida: nadar.
La familia emigró a Estados Unidos y se estableció en un pueblo minero en Pennsylvania; ahí –Peter– el padre de Johnny abrió una cantina; se hizo alcohólico y comenzó a maltratar a su mujer y a sus hijos hasta que la madre – Elizabeth– se divorció.
Para ayudar en el hogar Johnny abandonó la escuela y encontró un trabajo de socorrista en el lago Michigan; ahí lo descubrió William Bachrach, un cazatalentos que lo comenzó a entrenar y lo convirtió en campeón de natación. Con tal de integrar el equipo nacional, Weissmüller falsificó sus datos y se hizo pasar por estadounidense. En 1922 fue el primer hombre en nadar en 58.2 segundos los cien metros estilo libre.
Su fama olímpica le deparó trabajo como modelo de ropa interior, luciendo bajo el calzoncillo un descomunal “accesorio” que le permitió ser Adonis en el filme semi-porno
En 1932 filmó
Weissmüller era un pésimo actor, solo importaba que luciera su físico y apenas mascullaba monólogos; nunca puso un pie en África y los escenarios que se ven eran montados o bien tomados de documentales; tanto así, que usaron elefantes indios, cuyas orejas son más pequeñas que las de los africanos, pero se las agrandaron con prótesis. Es más, Tarzán nunca nadó en una laguna selvática, lo hizo en el lago Toluca de Los Ángeles.
O’Sullivan y Weissmüller tuvieron problemas con la censura, que medía con un centímetro los taparrabos para decidir cuánta carne podían mostrar. En
Johnny llegó a ganar dos millones de dólares con sus películas, pero los dilapidó en malos negocios y en mujeres. En 1960 fundó una compañía de piscinas, prestó su nombre para otras empresas relacionadas con la natación y la venta de artículos deportivos y en todas ellas fracasó.
Acosado por las deudas aceptó un trabajo de “saludador” en un hotel de Las Vegas; en 1974 se quebró la cadera, padeció problemas cardíacos, sufrió dos derrames cerebrales y se fue para Acapulco; ahí murió de un mal respiratorio y un edema cerebral.
En su estertor final Tarzán cargó en hombros a Weissmüller, cruzaron la selva infestada de leones, leopardos y serpientes hasta llegar más allá del Monte Mutia, para reposar en el cementerio de los elefantes. 1