Vuelve Michael Douglas como Gordon Gekko, el personaje que le dio un Óscar con la película titulada
Según se consigna en el boletín de prensa de dicha secuela, Gekko, después de haber cumplido una condena por fraude de valores, lavado de dinero y crimen organizado, sale hecho un hombre cambiado por las puertas de una cárcel federal. Gekko, quien ha dejado de ser el rey de Wall Street, no está afeitado y luce despeinado.
Nadie lo recibe, ni siquiera su hija Winnie –de quien se encuentra distanciado– o cualquiera de sus colegas de Wall Street.
La verdad es que en ese centro, donde los dólares giran en vorágine y con instinto capitalista, los colegas de Gekko han estado muy ocupados durante su ausencia, amasando fortunas inconmensurables. Como se dice en la publicidad de la película, lo cierto es que después de haber estado ocho años encerrado, Gekko ahora está solo y es un desterrado más de las esferas del capital.
Como ven, el círculo se va armando en la textura del capital financiero. Mientras tanto, el filme ha de exponer la presencia femenina con la novia de Jake, Winnie (encarnada por la actriz Carey Mulligan), quien apoya su determinación de invertir en energía ecológica, incentivada por un idealismo que no ve en su padre. ¿Quién es su padre? Pues no es otro más que Gordon Geeko.
Cuando el Gobierno se rehúsa a sacarlo del apuro, la empresa se pone en venta por una fracción de su valor y aquí se armará el meollo dramático, con suspenso emocional, de esta cinta que se estrena hoy en el país.
En la sala de cine, veremos cómo Gordon Gekko, quien está promoviendo su nuevo libro, entrará como gallo viejo en el juego, y gallo viejo con el ala mata. El filme describe cómo la avaricia funciona en el sistema financiero, con su rampante especulación y deuda apalancada.