
Ignacio Bosque gusta de enseñar al que no sabe; o sea, a quienes –comparados con él– somos todos los demás. Por esto es profesor de filología hispánica y autor de libros de la lingüística más actual; además, con Violeta Demonte, dirigió la extensa
Bosque es también académico de la Española y ha dirigido un amplio equipo de lingüistas de las veintidós academias de la Lengua cuyo trabajo ha culminado en la
–Las construcciones tienen forma, significado, historia, extensión geográfica y prestigio' o desprestigio. Las academias no inventan las normas: tratan de evaluar el prestigio y establecen normas a partir de lo que perciben como usos prestigiados.
”En América, “hubieron problemas” está muy desprestigiado, y la
–Más que hablar bien, habría que referirse a si nos ajustamos, o no, a los registros lingüísticos apropiados para cada caso. Hay una forma para conversar con los amigos y otra para hablar con un maestro o con un juez.
”Los registros son como los atuendos. Veamos el caso de los jóvenes, quienes llevan zapatillas de deporte a todas partes y tampoco cambian de registro idiomático: no hablan de ‘usted’ porque desconocen su empleo. Los registros son como una escala, y quien habla mejor es quien sabe cuándo debe cambiar en esa escala.
”La lengua culta existe como sistema compartido por amplias capas de la población. Hay un español neutro o común, y luego variantes por países o zonas”.
–Son las formas de expresarse según los grupos sociales: rural, juvenil, estándar... Decir ‘me se cayó’ es un rasgo de sociolecto porque quien habla así lo dice siempre; por el contrario, en un discurso formal, suprimimos las expresiones coloquiales.
–No. Ese es un tópico muy extendido. La estructura del español es la misma en todas partes. Lo que sí existe son países con mayor conciencia social sobre el uso del idioma. En España no existe esta conciencia, como sí la hay en Colombia, por ejemplo.
–Tampoco. El lenguaje rural es absolutamente coherente desde el punto de vista gramatical, aunque es cierto que algunas expresiones rurales están desprestigiadas en un discurso formal.
–Los hablantes lo hacen. Las propias academias niegan la idea de que las instituciones y las academias crean el idioma. El idioma surge de los hablantes, y las academias consideran los usos y codifican el lenguaje.
–En España está desprestigiado decir “se los dije a ustedes” en vez de “se lo dije a ustedes”, pero, en el habla culta de América, se ha extendido esta expresión, incluso en obras de escritores apreciados.
–Así es, y también está desprestigiado “voy a por tabaco”, usual en España. Otro caso es el verbo ‘creer’. En España decimos “a María no la creí”, pero en América se dice “a María no le creí”. En ningún caso hay error, sino un cambio de régimen: acusativo de persona en “a María no la creí” y “María no fue creída”, y dativo en “a María no le creí” y “no creímos las palabras de María”.
–Sí, pero los escritores y los académicos van detrás de las palabras: los usos ganan y se imponen. Es interesante saber que las academias han admitido un altísimo número de usos censurados por Fernando Lázaro Carreter en sus libros
–La norma es una valoración del uso, del prestigio, no una imposición sobre el uso. Es difícil establecer una norma cuando el prestigio oscila; así, nos costó mucho evaluar “enfrente mío” y “por mi delante” pues son usos muy frecuentes en América, incluso en escritores respetados. Entonces, ¿quién se equivoca? La norma debe cambiar.
–Ese es un elemento positivo; en cambio, el gran error es pensar que el idioma pertenece a los demás y a las academias.
–Eso tiene una explicación histórica y se percibe si uno analiza los casos con detenimiento, pero, en la práctica, los usos están marcados en un sentido o en otro, y nadie tiene conciencia de esto. Veamos el caso de ‘Gil’, apellido muy común en España, pero que equivale a ‘tonto’ en el español antiguo y en algunos países de América: “Sos un gil”. En el habla formal se pierde la conciencia de ese significado despectivo.
”Con el género ocurre algo similar. Cuando se dice “todos los chilenos” se entiende que se alude también a las chilenas, salvo que se formule una distinción expresa. Las propias lingüistas rechazan el desdoblamiento de género de “los niños y las niñas” cuando no es necesario”.
–Sí. La versión más breve, de unas 300 páginas, incluirá una proporción mayor de normas que de descripciones.
–No hay gramáticas puramente normativas; todas tienen elementos descriptivos; en cambio, sí hay gramáticas descriptivas que no son normativas. Toda gramática que da normas, describe el idioma que trata. Con un criterio más normativo se elaboró el
–No se olvidan. Precisemos: por ejemplo, ¿qué diría una gramática normativa sobre el modo subjuntivo? ¿Cuál sería la norma? Lo que cabe es la descripción, y muy matizada, porque con el subjuntivo decimos muchas cosas.
”La
–Sí, nos han criticado por no decir “jamás se usará la expresión'”, pero optamos por decir “se recomienda evitar la expresión'” ya que un sociolingüista analiza el prestigio o el desprestigio. También decimos “se considera incorrecto” porque ahora es así, y hace cincuenta años no lo era.
–Claro. Según la