Venecia (Italia). El faraónico "plan Moisés" de diques móviles para salvar a Venecia del empuje progresivo de las aguas será finalmente una realidad, tras veinte años de aplazamientos y polémicas.
Con un presupuesto que ronda los 3.000 millones de euros (2.600 millones de dólares), un comité interministerial del Gobierno italiano ha dado vía libre al proyecto que tiene como objetivo defender a la ciudad de Marco Polo de la temida "agua alta".
El enemigo a desterrar son las características inundaciones que dan lugar en invierno a esa Venecia de postal anegada por las aguas para solaz de turistas, que se inmortalizan con el líquido elemento hasta las rodillas en la emblemática plaza de San Marcos.
Los venecianos, en cambio, abominan de un fenómeno que les causa problemas en sus viviendas, perjuicios en sus negocios y molestias en una vida cotidiana pendiente tantas veces de las socorridas pasarelas.
Para hacer frente a esta amenaza, en franco aumento por la presión del llamado efecto invernadero, llega ahora el contestado "Plan Mose" (Modulo Sperimentale Electtromeccanico), sin liberarse de las críticas del pasado, en las que insisten los ecologistas.
El proyecto consiste en la construcción en los tres puntos de entrada de la laguna de 79 compuertas móviles que se alzarían en el caso de que las mareas alcancen 110 centímetros de altura, con lo que se impediría la entrada del agua en los canales interiores de la ciudad.
Los técnicos que avalan la eficacia del "Moisés" y su respeto del entorno ecológico aseguran que las esclusas tan sólo deberán levantarse unas ocho veces al año por un tiempo máximo, cada vez, de unas tres o cuatro horas.
Entre las asociaciones de defensa del medioambiente existe gran escepticismo sobre la inocuidad de un sistema que dudan pueda acabar con las inundaciones y cuyo alto coste económico critican con dureza.
Las obras tienen un plazo de ejecución de entre seis y ocho años y se complementarán con la ubicación a lo largo del litoral de barreras fijas, en este caso escolleras de roca, como ya se hizo en tiempos remotos, para hacer frente al impulso del siroco sobre las mareas.
Paralelamente, las petroleras que cuentan con instalaciones en las proximidades de la laguna veneciana se trasladarán al vecino Porto Marghera, donde se construirá una plataforma conectada a un oleoducto, con un presupuesto de 350 millones de dólares (unos 392 millones de euros).
El presidente de la región del Véneto, Gian Carlo Galán, anunció la llegada del "Moisés" como "una fecha histórica para Venecia", una de las metas por excelencia del turismo internacional que recibe al año más de 12 millones de visitantes.
Sus cerca de 66.000 vecinos se muestran cautelosos ante la promesa de un "mana" tantas veces aplazado, mientras recuerdan los episodios de "agua alta" que se acumulan en su memoria.
Sólo en el año 2000, el fenómeno se repitió más de 80 veces, con una cota excepcional de 144 centímetros registrada el 6 de noviembre, dos de 120 y seis más por encima de los 110.
No olvidan los venecianos que las avenidas marinas han echado a muchos de sus paisanos de sus casas, sobre todo a raíz del trágico aluvión del 4 de noviembre de 1966, conocido como el "agua grande".
En poco más de 30 años, las 120.000 personas censadas en la ciudad de los canales se han reducido a casi la mitad y las previsiones indican que en el próximo decenio seguirán descendiendo hasta unas 55.000.
Esta sucesiva despoblación está cambiando el carácter de una urbe única e irrepetible, erguida sobre 180 islotes y atravesada por 160 canales, que ahora ha decidido encomendar su suerte a un plan que lleva el nombre del profeta que separó las aguas del mar: Moisés.
Edición periodística: Adriana Quirós Robinson, Editora nacion.com Fuente: agencias.