En ferry o en panga, no importa: alrededor de una hora se tarda para llegar a Isla Venado donde las personas luchan por encontrar fuentes de ingresos que complementen a la pesca artesanal, que se ve afectada por el uso de métodos ilegales según ellos denuncian; por la presión sobre el recurso marino que cada día parece ser menor, y hasta por los mismos sistemas que se aplica para regenerar ese recurso.
El temor de los pobladores es que se acaben sus posibilidades y se vean obligados a hacer lo que algunos de sus vecinos de islas aledañas hicieron: vender.
Aún así, esa sombra no oscurece su esperanza. De hecho, más batallas han ganado que perdido pues en la última década han visto llegar la luz eléctrica, el agua potable, los servicios de salud, la telefonía pública, la escuela, el colegio....
Tesoro en peligro
Casi todos los ingresos que generan las familias de Venado provienen de la pesca artesanal. No es para menos pues la isla está en el Golfo de Nicoya, uno de los principales estuarios del mundo donde se ubica el 42 por ciento de todo el manglar costarricense.
Pero esa actividad es muy vulnerable: "Aquí tenemos un gran problema y es que mucha gente pesca con métodos prohibidos, como la rastra, mientras que el pescador que usa los sistemas permitidos está a punto de morirse de hambre", denunció a Viva Gustavo Díaz, pescador venadeño, lo cual fue confirmado por fuentes del Instituto Costarricense de Pesca y Acuacultura (Incopesca), que calificaron como "serio", el problema.
Competencia desleal
Según Díaz, los pescadores artesanales no pueden competir contra los ilegales: "Muchos estamos endeudados pues tenemos que pagar hasta ¢20.000 por semana de gasolina para salir a diario en la panga, y no se hace ni ¢5.000 con lo que se pesca".
Asimismo, existe mucha presión sobre el recurso marino de la zona, por la gran explotación diaria, lo cual también afecta los ingresos. "Hay días que no se pesca ni un camarón, y lo peor es que cada vez parece haber menos", afirmó Efraín Barrios, otro pescador de la zona de Jícaro.
Datos de Incopesca suman alrededor de 3.000 pescadores registrados en el Golfo, un número que aumenta considerando la incursión ilegal sobre el recurso, que no está cuantificada en la institución.
Paradójicamente, la veda que ordena dos veces por año el Incopesca, aunque tiene el buen propósito de restablecer los recursos del mar, también afecta durante varias semanas los ingresos de estas familias.
El problema es que, cuando no hay pesca, los 1.100 habitantes de esos 3.5 kilómetros cuadrados se quedan sin ingresos porque quienes no son pescadores se dedican a actividades conexas.
Quizá por eso entre algunos habitantes existe miedo a que se repita la historia de Isla Bejuco, cuyas tierras pese a que no cuenta con los servicios básicos que tiene Venado fueron vendidas a extranjeros. Así lo advirtió Herbeth Soto, otro venadeño: "Imagínese que hubo gente interesada en comprar Bejuco donde no hay ni agua potable. ¡Cuántos no querrían Venado!".
Y con él coincidieron varios vecinos. "No es algo que tengamos cómo demostrar, pero es lo que se escucha entre la gente. De hecho, se sabe que hay interesados en comprar tierras de Isla Caballo", añadió Vilma Matarrita.
Comunidad en acción
En medio de la incertidumbre, 26 mujeres y un puñado de jóvenes quieren demostrar que la esperanza es lo último que se pierde. Por eso, se organizaron en cuatro grupos: la Asociación de mujeres Las Pioneras y la de jóvenes por la comunidad, en Florida, y la Asociación de mujeres progresistas Las Arañas y la de juventud para el progreso y la ecología (Asjupeco), en Jícaro, todos apoyados por el Programa Integral de Desarrollo de la Isla Venado, que coordina allá la Universidad Nacional.
Así, Las Pioneras, integrado por 16 féminas, desarrolla actualmente cuatro iniciativas: cultivo, industrialización y comercialización del paste; siembra de hortalizas y de plátano; y un proyecto de costura.
Ellas cuentan con 2 manzanas de terreno donadas por una socia, donde construyeron con sus propias manos un salón para ubicar varias máquinas de coser que les donaron. En esa parcela también siembran los pastes, las hortalizas, y el plátano, y esperan poder abrir una pequeña soda.
Su meta es vender los productos fuera de la isla, en especial el paste, que incluso sueñan exportar dado el atractivo que tiene para el aseo personal, sustituyendo a otros productos sintéticos.
"El principal problema que tenemos nosotras es el mercado", comentó Pastora Matarrita, presidenta de Las Pioneras.
Por su parte, el grupo Las Arañas, integrado por 10 lugareñas, tiene una tiendita de pasamanería, un taller de costura y una granja de pollos de engorde.
Asimismo, busca el financiamiento para establecer un minisúper para abastecer a los isleños con los productos básicos. "La mayoría de vecinos va a Jicaral o a Puntarenas a comprar el diario. Si tenemos un abastecedor aquí estaremos beneficiándonos nosotras y a los otros vecinos, por el ahorro en combustible y en tiempo", señaló Sandra Mosquera, líder de Las Arañas.
¿Y los jóvenes? En setiembre pasado estrenaron las instalaciones de su colegio. Sí, suyo porque ellos lo construyeron con los materiales aportados por el Ministerio de Educación, que cargaron en panga desde Puntarenas. Allí, unos 60 estudiantes reciben formación en dos aulas, en la modalidad de telesecundaria, hasta el tercer año. Los otros dos niveles los cursan en un año, a través del programa Nuevas Oportunidades, que la profesora Nimia Gutiérrez les imparte ad honórem.
En febrero un primer grupo realizó sus pruebas de bachillerato. Fue la primera promoción, según explicó Silvia Rojas, funcionaria del programa de la UNA. "Una encuesta que hicimos hace unos días reveló que los muchachos consideran que el colegio les cambio la vida, como jóvenes, dándoles una opción más frente a la pesca", señaló Rojas.
Hoy, la ilusión de estos jóvenes es ingresar a un centro de educación superior y terminar una carrera que les permita mejorar su calidad de vida. Para eso, la UNA les lleva hasta allá los papeles de matrícula, facilitando sus expectativas. Y es que así es Venado, una isla llena de cooperación y de esperanzas.