Iván Rodríguez es un inconforme. Nunca está satisfecho con lo que hace. También es algo tímido y, bajo el embrujo del público, los nervios le humedecen las manos, aún cuando tiene años de enfrentarse a ese monstruo pensante.
Durante cuatro días, el espectáculo La virgen desnuda, del grupo de danza Losdenmedium, llenó las expectativas del público, y la música cautivó a los espectadores y llenó de satisfacción -no completa- a su creador: Iván Rodríguez.
A sus 33 años, ha encontrado en la danza su principal fuente creadora. Indudable ha sido la influencia de su esposa, la bailarina Florencia Chaves, madre de su hija Daniela, de 13 años.
Sin embargo, el cosquilleo de estar creando lo ha llevado por diversos caminos.
-¿De dónde vino la atracción por la música?
-Vieras que fue una cuestión meramente circunstancial. Mi papá siempre quiso ser músico y su deseo se hizo realidad conmigo. Yo estaba muy pequeñito cuando empecé con la sinfónica juvenil, hace 25 años.
-¿En algún momento pensaste: "Esto no es lo mío"?
- Sí, claro. Yo dejé de tocar violín durante dos años. Me dediqué a jugar baloncesto, pero al final ganó la música.
-¿Cuál fue el último empujoncito?
- Me di cuenta de que era lo que yo realmente quería. Llegó un momento en la adolescencia en el que yo quería llevarle la contraria a todo lo que mi papá me obligaba a hacer. Supongo que fue la majadería esa de poderlo dejar y después retomarlo por mí mismo.
-¿Qué fue primero, la sinfónica o Adrián Goizueta y el Grupo Experimental?
-La música sinfónica está desde que tengo siete años, y desde hace 17 comencé con el Grupo Experimental. Antes estuve en otros conjuntos. Como compositor empecé haciendo música para comerciales, muchos documentales, la música de una película de Hilda Hidalgo, y este año compuse la música para la obra de teatro Hamlet.
-¿Cómo te metiste en el trabajo con las luces?
- Con Losdenmedium se abrió la faceta del diseño de luces, que me encantó. Yo venía haciendo luces con el Grupo Experimental en giras. Ahora tengo bastante experiencia: lo he hecho para Strunz y Farah y Éditus.
-¿Cuán diferentes son estas cuatro facetas de tu quehacer artístico?
- Son diferentes. Es un asunto como de nervios más que todo. En el fondo, la concentración tiene que ser la misma, pero de alguna manera me asusta más tocar con el grupo: es más solista el asunto. Haciendo luces sí me siento muy relajado. Es que la diferencia entre hacer luces y lo demás es que uno no está, no es protagonista en el escenario.
-¿En cuál papel te sentís más cómodo?
-Me encanta la composición. Lo que yo siento cuando escucho una tonada mía es algo indescriptible, es algo que no se siente en las otras situaciones. Las otras son una satisfacción más personal, más vanidosa.
-¿Has compuesto alguna música para el grupo?
-Vieras que me cuesta por tener ahí a los compositores, Adrián (Goizueta) y Fidel (Gamboa)... ¡Diay! No sé...
-¿Te inhiben?
- Ellos no. Yo mismo me inhibo porque son muy buenos y yo voy allí, por mi camino.
-Después de tantos años, ¿cómo se siente tu papá?
- ¡Ah no! Mis papás son los seres más orgullosos del planeta. Es que era el sueño de sus vidas.
-¿Qué sentís que te falta por hacer dentro de la música?
- La música es linda y apasionada, y cruel a la vez. Yo creo que el sueño de uno es tocar cada vez mejor; y como compositor, igual. Yo no me he sentido absolutamente satisfecho de todo lo que he hecho. Siempre se puede hacer mejor música. En un futuro me gustaría componer algo para sinfónica.
-¿En qué trabajás en este momento?
-Estoy musicalizando 72 programas que produce canal 13. Son sobre valores humanos. Duran dos minutos y el personaje es un hombre mayor que es mudo.
Muy personal
-Un libro: (Se toma un tiempo) Son muchos.
-Una canción: Es que yo no soy así de una canción, de un libro...
-Un compositor: Rachmáninov.
-Un instrumento: El piano.
-Un momento del día: La noche.
-Un desestresante: La montaña.
-Una manía: No.
-Un defecto: Muchos.