
También soy usuario de las redes sociales –y uno asiduo– por muchas razones, desde lo profesional hasta la necesidad de una distracción de lo profesional. Claro, su tremenda practicidad y sus múltiples recursos son un seductor infalible en estos tiempos en los que las tecnologías de la información son las que dictan las necesidades.
Son una arena que representa fielmente la velocidad de los tiempos actuales, en los que no se puede concebir una noticia que no sea en tiempo real, en los que los medios de comunicación no hallaron competencia sino un aliado para posesionar su nombre. La interconexión en todo el sentido de su palabra.
Los estudios del fenómeno de las redes sociales están creciendo al ritmo en que el mismo se muestra. El mundo ya no se entiende si no es interconectado. Pero también son un fiel reflejo de un comportamiento muy propio de las épocas recientes. La comunicación personal dejó de ser una constante, la socialización cara a cara es un acto en extinción. Y no es culpa de las redes sociales, son solo un ejemplo clarísimo de la modificación del comportamiento: ¿para qué ir dónde mi abuela si puedo llamarla? ¿Para qué pasar donde mamá si puedo mensajearla? ¿Para qué llamar para felicitar por un cumpleaños si puedo postearlo?
La impersonalidad ha tomado la comunicación, los niños ya no salen a conversar, pues los videojuegos tomaron sus vidas, el tiempo de ocio no es más sinónimo de una bola, se convirtió en una pantalla, en un display, empujado todo por una creciente inseguridad que muestra la casa como un fuerte que mantiene al niño alejado del peligro.
La conjunción de las alternativas tecnológicas de comunicación con la velocidad de las sociedades actuales han convertido una conversación al calor de una taza de café en un momento cada vez más escaso.
Los medios se han confundido con fines; las nuevas generaciones están mutando en una sociedad que poco se comunica frente a sus pares, que poco habla y se toma de la mano, que dejó de encontrarse en los parques para hablar paja... No estará de más tocar la puerta antes de enviar un mensaje de texto.