Por un solo día, miles de católicos y protestantes de Irlanda del Norte, que no suelen dirigirse siquiera la palabra, olvidaron sus diferencias religiosas y se unieron en un acto inusual pero emotivo para despedir a su héroe más popular, al que siempre considerarán -como su apellido- "el mejor".
A pesar de la lluvia y la niebla, este 3 de diciembre, unas 100.000 personas se congregaron en el "funeral de estado" de George Best, leyenda futbolística del Manchester United inglés y de la selección norirlandesa, fallecido a los 59 años, dos semanas atrás, en un hospital de Londres. Los culpables de su muerte fueron una serie de males que lo aquejaron por su adicción al licor.
En opinión de muchos, George fue el mejor jugador de su época, al nivel de Pelé , Cruyff o Maradona. Durante los años 60, las escurridizas y mágicas gambetas del puntero enloquecían a los defensas de Inglaterra y despertaban admiración en el extranjero. No obstante, Best era un genio imperfecto que amaba la vida lujosa y -como el argentino Diego Maradona o el inglés Paul Gascoigne- era incapaz de asimilar el éxito. Y eso fue su perdición.
Muchas de sus hazañas las protagonizó lejos del Old Trafford, el estadio del Manchester. Estas consistían, por ejemplo, en pedir botellas de champán hasta agotar las 20.000 libras esterlinas ganadas la noche anterior en un casino. La bebida se esparcía por la suite , donde él se divertía con alguna ex-Miss Mundo.
"Dicen que me he acostado con siete Miss Mundo. No es verdad, fueron solo cuatro. A las otras tres, no fui a buscarlas", fue otra de las frases célebres de este notorio mujeriego, novio de actrices, modelos y reinas de belleza.
Antes de alcanzar ese estatus de playboy, preludio de la enfermedad que acabaría con su vida, Best desarrolló su prodigiosa técnica driblando pelotas de tenis en los barrios protestantes de Belfast, donde nació. Fue hijo de un trabajador de los astilleros donde se construyó el Titanic y de la empleada de una tabacalera.
El mejor. Un cazatalentos del Manchester United, Bob Bishop, lo descubrió a los 15 años cuando jugaba en el equipo de su barrio, Cregagh Boys Club. Con el paso de los años, ofreció al mundo seis temporadas mágicas en las que ganó dos ligas inglesas, una Copa de Europa y fue elegido mejor futbolista del continente en 1968.
Desde su debut en 1963, con solo 17 años, sir Matt Busby, el técnico más apreciado en la historia de los Diablos Rojos del Manchester, se dio cuenta de que un genio había caído en sus manos. Supo que, a pesar de su apariencia frágil, exhibía una habilidad poco común, un cambio de ritmo mortal y una gran técnica con ambas piernas para sobrevivir en la cancha.
El exastro brasileño Pelé , uno de sus mayores admiradores, siempre quiso recordar su imagen en Lisboa, en 1966, la memorable noche en que destrozó (5-1) al Benfica de Eusebio. Al día siguiente, la prensa portuguesa lo bautizó con el apodo que lo acompañaría el resto de su existencia: "el quinto Beatle", en referencia al popular conjunto de Liverpool que conmovía al mundo.
Pero el tímido astro comenzó su caída, a partir del retiro -en 1969- de sir Busby, su segundo padre. Empezó a beber para olvidar las agobiantes presiones que su fama le trajo. El alcohol truncó abruptamente su carrera y, a los 27 años, el Manchester le rescindió el contrato.
Muchas veces intentó recuperar el tiempo y el futbol perdidos al deambular por Sudáfrica, Inglaterra, Irlanda, Estados Unidos, Escocia, Irlanda del Norte y Australia, pero ya no era el mismo. El daño estaba hecho y las heridas difícilmente se curan.
Uno de los mayoresjugadores del mundo lo tuvo todo y lo tiró por la ventana por culpa de la dolce vita .
"Nací con un gran don que algunas veces tiene un lado destructor. Quería superar a todo el mundo cuando jugaba y, de la misma manera, quería superar a todo el mundo en mis salidas nocturnas", aceptó el mismo jugador, quien sucumbió por errores en su vida. Con el tiempo, su gusto excesivo por la noche, los escándalos, el dinero y el alcohol, le costó su salud.
En 1984, Best fue encarcelado durante tres meses por conducir en estado de ebriedad y agredir a un policía. Las crisis siguieron: en el 2000 fue hospitalizado por insuficiencia hepática, y en el 2002 fue sometido a un delicado trasplante de hígado, un símbolo de su triste y complicado final.
El 1° de octubre pasado fue internado de nuevo con fiebre alta y no se recuperó más: dejó de existir el 25 de noviembre, tras una infección pulmonar y de riñones, víctima del único rival que su gran talento para el futbol no pudo driblar: el alcoholismo.
Empero, pese a una vida accidentada, este famoso futbolista que nunca asistió a un Mundial serárecordado como una leyenda. No obstante, por sus excesos, nunca se sabrá con certeza a qué nivel pudo haber llegado George Best.