Por David Blanco Bonilla
Lima, 18 sep (EFE).- La incomunicación y la violencia que afectan a muchas parejas son los asuntos principales del libro "El hombre que no podía irse", una antología de las tiras cómicas publicadas en Lima por el dibujante y humorista peruano Alfredo Marcos.
Alfredo, como se le conoce en Perú, afirmó a EFE que se ha animado a publicar en un libro las historias de uno de sus más celebrados personajes, porque considera que es el momento adecuado para empezar a recopilar un trabajo que inició hace 30 años.
Dibujante político por excelencia, Alfredo señaló que en estos tiempos, el humor "es una expresión humana irrenunciable", además de "una manera de enfrentar al poder".
El humorista, con paso por varios de los principales diarios y revistas peruanas, además de publicaciones en México y Europa, fue galardonado en 2002 con el premio nacional de Periodismo y Derechos Humanos, además de haber recibido la medalla cívica de Lima y el premio del colegio del psicólogos.
En 2003 participó como invitado el Foro Económico Mundial de Davos (Suiza) junto con otros siete humoristas gráficos del mundo.
Alfredo llegó al humorismo "por una necesidad de subsistencia" y eligió esa carrera "como podía haber sido cualquier otra cosa", ya que es totalmente autodidacta.
Asegura que su trabajo de denuncia política le produjo grandes problemas durante el gobierno de Alberto Fujimori (1990-2000), cuando recibió "amenazas muy serias" que alcanzaron a sus familiares.
Por ese motivo, se fue a los Estados Unidos, donde permaneció durante un año en un exilio que, sin embargo, no le impidió continuar con sus habituales publicaciones en los diarios limeños La República y El Popular.
Alfredo cultiva dos venas, la política en La República, con personajes como "Los calatos" (desnudos, en quechua), que reflejan el hecho político cotidiano mediante la visión de una familia pobre y sin ropa; "Las viejas pitucas", un fresco sobre "lo que queda de la aristocracia peruana", y "El hombre que no podía irse".
Además, en El Popular publica "Los achoraos", personajes populares y festivos que siempre utilizan jerga peruana en sus diálogos; y "El enano erótico", un émulo de poca estatura de Casanova y Don Juan.
Sobre "El hombre que no podía irse", editado por la Universidad San Martín de Porres de Lima, afirma que este libro tiene que ver con la incomunicación en un mundo en el que ha echado raíces la violencia.
"Este libro lo que hace es penetrar en la relación de pareja, en una sociedad que crea sin duda una relación de pareja violenta, en la cual los actores son, a la vez que causantes, víctimas de circunstancias que expresan de manera neurótica".
Alfredo añade que "el personaje es curioso porque es un hombre que dice que nunca puede irse pero lo votan, aunque en realidad quiere irse y no se va, y su mujer, que siempre lo vota, aunque en realidad no quiere que se vaya".
El humorista precisó que, tras haber ingresado "en el lado psicológico de las personas" con este libro, publicará próximamente otros sobre "Los calatos" y "Las viejas pitucas", que curiosamente tienen como "ahijado" al presidente de Perú, Alejandro Toledo.
"Toledo es el ahijado porque en Perú se acostumbraba, más antes que ahora, que a una señorona la nombraban madrina de un habitante de los Andes y este a su vez era llevado a la casa de esta señora convirtiéndose en un empleado gratuito", explicó.
Agregó que Toledo es "uno de los indígenas más caracterizados" de su país, aunque tiene estudios en Estados Unidos que lo hacen "un poco cholo, un poco gringo".
Para el humorista "estas viejas pitucas son una parte de la sociedad que se resiste a desaparecer, que trata de conservar una especie de isla en medio de un país que cada día muestra más su mestizaje. Ellas son extranjeras en Perú y muy, a su pesar, cholas en el extranjero".
Alfredo, que afirma que sus personajes lo "toman por asalto", se declara admirador de los españoles Chumy Chumez y Perich, así como de los argentinos Quino y Fontanarrosa, y certifica que los humoristas en realidad son sólo "unos modestos notarios de los excesos de los demás". EFE.
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