MADRID. El escritor portugués José Saramago, premio Nobel de Literatura en 1998, afirmó el jueves que, en los tiempos que corren, la democracia se asemeja, "tristemente, al paño solemne que cubre el ataúd donde ya se está pudriendo el cadáver".
Esta frase de Saramago corresponde a la lección magistral que pronunció en Madrid tras ser investido doctor honoris causa por la Universidad Carlos III, en un acto donde profesores, alumnos e invitados gritaron al final un "no a la guerra" en Iraq.
El premio Nobel recibió de manos del rector de la Universidad, Gregorio Peces-Barba, el birrete azul, la medalla, el anillo y el titulo que le consagra como doctor, en un acto que se inició con un minuto de silencio por los muertos en la guerra con Irak.
Saramago, el laureado
A continuación y en un aula magna repleta de profesores, alumnos y personas cercanas al autor, el profesor Jorge Urrutia leyó el discurso laudatorio del escritor, plagado de términos en portugués.
Urrutia recordó la biografía vital y literaria del escritor y desarrolló su argumentación del por qué un fabulador que nunca ha sido un investigador ni ha tenido formación universitaria, entra en esta institución: "Otorgar un doctorado a un fabulador es como dar la vuelta a un calcetín", señaló. Y tras recordar cómo ha sido la extraordinaria carrera de Saramago, caracterizada por la coherencia y su sentido ético, afirmó que el laudatorio tomaba firmeza al sentir que este fabulador enseña a todos otra manera de aprender la realidad y la grandiosidad de las palabras.
Después de agradecer el discurso, Saramago señaló: "El horror que nos toca vivir en estos días a unos, y a otros morir, nos lleva a querer que el llamado orden público necesite de otras palabras, de una gran voluntad de cambio".
"Vivimos, viven ellos, una guerra injusta, ilegal y desproporcionada, y nosotros, la llamada opinión pública, lo que estamos haciendo es buscar el modo de cambiar la suerte del ser humano", consideró el escritor antes de leer su lección magistral de investidura Democracia y Universidad.
Y es que Saramago afirma que la Universidad debería ser, más que una institución dispensadora de conocimientos, el espacio de formación por excelencia de la persona educada en los valores de la solidaridad humana y del respeto por la paz.