2 marzo, 2012

Pocas veces hay oportunidad de reconocer un gesto mucho más que noble y justo, impulsado por historiadores, universitarios y vecinos de corazón bueno, pero refrendado en la Asamblea Legislativa.

Me refiero a la declaratoria como “héroe nacional y defensor de la libertad” del coronel Nicolás Aguilar Murillo, campesino nacido el 10 de setiembre de 1843 en Barva, Heredia.

Este hombre, de quien posiblemente casi ningún escolar, colegial ni universitario actual, tampoco peones ni profesionales, han escuchado hablar, fue un extraordinario guerrero, baluarte y ejemplo para los llamados “indomables soldados” que combatieron, muchas veces en desventaja, contra las huestes del invasor William Walker en las campañas de diciembre de 1856 y gran parte de 1857.

El 22 de diciembre de 1856, según relato escrito en 1892 por el entonces diputado del Congreso Constitucional de la República José Astúa Aguilar, el valiente campesino que dejó arado y su tierra para defender a la patria, “se adelantó a la carrera, se apoderó del cañón, matando al centinela que lo defendía, y durante algunos momentos tuvo que batirse solo”.

Nicolás participó seguidamente en sangrientas batallas donde siempre destacó por su bravura y coraje, colaborando así con la toma de puntos estratégicos como San Juan del Norte, Punta Castilla, el castillo y el fuerte San Carlos. Además tomó, en peleas siempre desiguales, cuerpo a cuerpo con mercenarios muchos más altos, fuertes y mejor equipados, varios barcos en poder del enemigo extranjero, entre ellos el “Ogden”, el “Virgen” y el vapor “San Carlos”, en ese momento insignia y orgullo del filibusterismo.

Este agricultor regresó a Barva para seguir sembrando la tierra y, como muchos otros valientes, murió pobre, pero orgulloso de su recorrido para alegría de familiares, amigos y costarricenses honorables que ahora abogan para que se le haga justicia al guerrero olvidado por generaciones de injusticia y desdén histórico, como sucede con nuestros valientes caciques, cuyos nombres, escritos a sangre y fuego, ya nadie recuerda y merecen los honores.

Hoy develan fotografías de cualquier gamberro (palabras del ilustre colega ya fallecido Bosco Valverde), personas de muy dudosa reputación moral, dejando a héroes como Nicolás Aguilar Murillo, y a otros valientes, en el olvido.