Ciudad del Vaticano. En el centro de la Plaza de San Pedro los feligreses depositaban hoy flores, imágenes y notas de despedida adheridas con cera de cirios, en una muestra incesante de afecto.
Una nota mostraba una pequeña bandera nigeriana y una foto reciente de Juan Pablo II bendiciendo a los fieles. Papa Juan Pablo II, te amamos. Que tu alma gentil repose en paz, decía.
Otras fueron garabateadas en boletos de tren o trozos de papel y colocadas entre una cantidad de imágenes de santos, dibujos infantiles, rosarios. Adiós padre, héroe, amigo, dijo una carta escrita con letra infantil. En los orificios de los postes de alumbrado de hierro, que circundan un obelisco en el medio de la plaza, había una cantidad de flores.
La gente llegó para ver el cuerpo de Juan Pablo que iba a ser expuesto al público el lunes por la tarde, dos días después de su muerte. Los restos estuvieron el domingo en capilla ardiente para prelados, embajadores y otros dignatarios.
Pensamos que era adecuado que viniéramos porque él siempre nos amó a los jóvenes, y queremos retribuirle lo que hizo por nosotros, comentó Monica Favalli, integrante de un grupo del norte de Italia que vino para despedirse del pontífice.
Durante la noche, algunos se quedaron durmiendo bajo el pórtico que circunda la Plaza de San Pedro, y un grupo de fieles polacos, con una bandera nacional, mantuvo su vigilia por tercera noche consecutiva.
En la basílica, los guardias suizos vistieron capas negras en vez de sus tradicionales uniformes rojiblancos.
La policía dijo que unas 80.000 personas asistieron a la misa y otras 20.000 estaban en las avenidas aledañas. Se anticipa la llegada de hasta dos millones de personas para el funeral.
Los servicios de emergencia dijeron haber recibido 115 pedidos de asistencia en la plaza el domingo. En su mayoría era de personas que se cayeron o se desmayaron. Tres eran casos graves, dijeron las autoridades.
El momento más emotivo fue cuando el arzobispo argentino Leonardo Sandri, subsecretario de estado del Vaticano, leyó la plegaria dominical del mediodía, que Juan Pablo pronunció durante todo su pontificado.