Washington La historia de un niño hondureño, que huérfano de madre a causa del huracán Mitch dijo haber recorrido más de 3.000 kilómetros para buscar en Nueva York a su padre, conmovió a Estados Unidos. Pero era mentira.
Edwin Daniel Sabillón, a quienes muchos compararon este martes con el aventurero italiano Marco, el entrañable protagonista de "De los Apeninos a los Andes", resultó ser un jovencito tan imaginativo como mentiroso, que "coló" su historia no sólo a las autoridades de EEUU sino a toda la prensa nacional, incluido el diario "The New York Times".
La historia inicial era, efectivamente, increíble. Tanto que el prestigioso diario neoyorquino la publicó en su portada.
El pequeño Edwin, natural de San Francisco de Yojoa Cortez, en Honduras, estaba, supuestamente, solo en el mundo, ya que, según su relato, había perdido a su madre y a su hermano en el Mitch.
Por ello, había viajado durante 37 días, como pudo, hasta Nueva York donde debía encontrarse con su padre, Grevi Sabillón, al que sólo conocía por fotografías.
El melodrama urdido por el joven no acaba ahí. Por el cansancio y los nervios del azaroso viaje, había perdido el único vínculo con su padre: su número de teléfono. Y, al llegar a Nueva York, no sabía cómo encontrarlo.
Recordaba que ambos habían quedado en encontrarse en el aeropuerto de La Guardia "entre el 25 y el 27 de junio" y así se lo hizo saber a un taxista hispano que, apiadado de la historia del niño, lo llevó hasta allí.
El padre, claro, no apareció pero la aparente decepción del jovencito llegó al alma del taxista José Basora quien lo consoló, lo llevó a su casa, le dio de comer y le compró unos patines antes de llevarlo a un cuartelillo de policía para reportar lo sucedido.
El taxista, que es soltero y sin hijos, se ofreció a adoptarlo.
Pero el relato, por extraordinario, saltó a los medios de comunicación y ahí empezaron los problemas de Edwin. Su foto fue difundida por televisión y la vieron sus familiares en Miami, concretamente la tía con la que el niño había vivido los últimos dos meses. Empezó a aflorar la verdad.
Edwin tiene madre en Honduras. Lo que no tiene es padre, ya que éste -que si bien emigró a Estados Unidos, trabajó en Miami y no en Nueva York-, falleció de sida el pasado 11 de octubre, tras haber regresado a su país, y tiene también una abuela, Paula Vázquez, que es la que lo crió y la que ahora lo quiere de vuelta en Honduras "para mandarlo a un reformatorio".
Aparentemente, según han declarado a la prensa los familiares de Miami, el niño llevó mal, tanto la ausencia del padre del país, como su posterior muerte, y eso lo convirtió en un adolescente rebelde y difícil de manejar.
Las versiones más benévolas con la mentira de Edwin indican que su tía en Florida, Aurora Sabillón, quiso mandarlo a la escuela, pero él se negó porque dijo que quería trabajar "para sustentar a su abuela, como lo había hecho su padre".
Otros afirman, simplemente que, sin más explicaciones, el pasado jueves se fue de la casa y los familiares reportaron su desaparición.
Lo siguiente que supieron de él fue, poco más o menos, que era un "héroe". Vieron su foto y escucharon su inventada historia por televisión y, claro está, no daban crédito.
En estos momentos, Edwin está bajo custodia de una familia hispana en Nueva York, a donde lo habían mandado las autoridades. El Gobierno de Honduras y su consulado en Nueva York trabajan para solucionar el caso.
En principio, según dijo a EFE el vicecónsul Julio Enamorado, se le va a prestar al jovencito -que aparentemente está en EEUU ilegalmente- "todo el apoyo moral, emocional y legal que necesite" .
Sin embargo, subrayó que, según la ley hondureña, no se puede tomar ninguna decisión hasta que la patria potestad del niño -su madre, o su abuela- no definan qué es lo que quieren que el menor haga. Si ellas no quieren que se le adopte, probablemente tenga que regresar a Honduras.
Los responsables de inmigración, por su parte, estudian este caso cuya verdad, probablemente, habrá indigestado hoy más de un desayuno.
Incluido el del alcalde Rudolph Giuliani, quien el martes, exuberante, aseguró que el niño debía encontrarse muy bien en Nueva York, una ciudad que "simboliza las virtudes del inmigrante" que él, más o menos, personificaba.
Hoy, mucho más discreto, Giuliani se ha limitado a indicar que "la policía revisa la historia de Edwin". Y punto.
Edición periodística: Adriana Quirós Robinson, La Nación Digital. Fuente: agencias.