El hipo no respeta las reglas de etiqueta: aunque la persona esté en una reunión, una fiesta o conferencia, ese inoportuno "ruidito" aparece de pronto y acongoja por igual a la víctima y a sus acompañantes.
Ese espasmo suele provocar risa y un poco de desesperación, mientras se encuentra la forma de vencerlo o desaparece solo; pero, cuando se torna muy recurrente, hay motivo para sospechar que algo anda mal.
Así como es de inoportuno, puede ser un indicador de que existe un tumor o un cáncer en el estómago, el páncreas, el hígado o los pulmones
"¡Hic!" desesperante
El hipo se clasifica como una mioclonía; es decir, un movimiento de excitación o relajación muscular que provoca una contracción rápida y continua en el diafragma (músculo que separa el tórax del abdomen).
Según el gastroenterólogo Fabio Solano, se produce cuando un estímulo activa los nervios que contraen el diafragma. "Como este músculo está tan cerca del esófago, y por ahí pasan los alimentos hasta el estómago, está expuesto a muchas cosas que pueden irritarlo. Eso se manifiesta como un espasmo hacia arriba", afirma.
Así, el consumo de alimentos o líquidos calientes, el alcohol y algunos fármacos pueden causar hipo. Incluso, es común que aparezca durante un tratamiento médico o después de una operación quirúrgica, como reacción a los medicamentos y las drogas anestésicas.
También suele aparecer cuando la persona está con el estómago "lleno".
Cuando son estas las causas, los ataques de hipo son inofensivos, se inician de forma súbita sin causa aparente, y desaparecen de un modo espontáneo al cabo de algunos minutos.
No obstante, si el hipo surge con demasiada frecuencia, es posible que un tumor en el estómago u órganos aledaños esté comprimiendo el diafragma. Este último también interviene en el mecanismo de la respiración, de modo que el hipo puede ser síntoma de un cáncer en el pulmón o de un tumor cerebral.
Estos trastornos graves pueden causar crisis prolongadas de hipo, mas Solano advierte que este no es un síntoma suficiente para temer la presencia de una enfermedad. "Tendría que estar acompañado de dolor intenso, sensación de llenura, pérdida de peso y otros síntomas para diagnosticar algo así", afirma.
Por esta razón, es necesario visitar a un gastroenterólogo antes de sospechar algo fatal.
Remedios caseros
Basta que alguien empiece a tener hipo para que otras personas recurran en su auxilio con una serie de remedios caseros: "aguantar" la respiración, tomar agua, taparse los oídos, pegarse un papel mojado en la frente... Incluso, hay quienes se empeñan en provocarle un buen susto a la víctima para "congelar" el ¡hic!
Según Solano, los tratamientos que se ensayan son realmente empíricos, pues no existe una cura definida. Por ejemplo, cuando una persona padece hipo después de una operación, se le recomienda comer helados o hielo picado para generar un efecto anestésico en el diafragma.
Algunos de esos "remedios" se basan en que el hipo cede habitualmente cuando el anhídrido carbónico se acumula en la sangre. Hay quienes aconsejan contener la respiración porque esto aumenta la concentración de anhídrido.
Otras personas aseguran que les resulta "mágico" tirar ligeramente de su lengua, y Solano afirma que en Estados Unidos se ha recurrido con éxito a la estimulación en la parte interna del oído.
Sin embargo, el hipo persistente puede requerir un tratamiento médico. "Hasta el momento no hay un medicamento específico para tratarlo, pero se puede suministrar algún tipo de drogas, sedantes o tranquilizantes, que funcionan en algunos casos", detalla el gastroenterólogo.
Algunos fármacos que se han utilizado con éxito relativo son la escopolamina, la clorpromazina, el baclofeno y el valproato. No obstante, cualquiera de estos debe ser recetado por un especialista.
Mientras tanto, si el inesperado hipo comienza a hacer de las suyas no queda más remedio que hacer caso a las "voces amigas" o esperar a que el ¡hic! desaparezca tal como llegó.