¿Supermán y Batman&...;? Esos me hacen los mandados, dice Roberto Gómez Bolaños al comparar a los superhéroes estadounidenses con uno de sus más queridos personajes.
Una reciente entrevista en la que participaron Florinda Meza y el propio Chespirito en el programa chileno De Pe a Pa, revivió en mí el entrañable cariño que me provoca el Chapulín Colorado.
Como ya lo dijo antes, Gómez reiteró que el título de antihéroe que se le ha querido endilgar a su personaje de tenis panaderas amarillas, no puede estar más errado.
Para el escritor, no tiene nada de heroico detener un meteorito gigante que se dirige directamente contra la Tierra, cuando se tienen los poderes para hacer eso sobradamente y aún más. A diferencia de la omnipotencia de Supermán, para cualquiera es más meritorio sobreponernos a nuestras limitaciones, haciendo más de lo que nuestros propios complejos están dis-puestos a permitirnos hacer.
El Chapu es un tipo chaparro, miedoso, debilucho, torpe, y si nos queremos ensañar con el pobre, hasta feo. Pero, contrario a lo que uno esperaría de un individuo con esas características, es un paladín de la justicia que se dedica a combatir el mal. De hecho, una de sus principales cartas es que nunca nadie cuenta con su astucia.
Muy a disonancia con Batman y la catizumba de chunches tecnológicos que lo acompañan, el superhéroe que nació mexicano pero que terminó siendo latinoamericano (y hasta universal, si se quiere), usa primordialmente el chipote chillón, arma que nunca le sacó una gota de sangre ni al Tripaseca ni al Cuajinais. Incluso, su única cualidad sobrehumana es la posibilidad de disminuirse todavía más de lo que es, gracias a las famosísimas pastillas de chiquitolina.
Todos mis movimientos están fríamente calculados, síganme los buenos, lo sospeché desde un principio, se aprovechan de mi nobleza, que no panda el cúnico. Las frases del Chapulín Colorado están tatuadas, a fuerza de risas y cariño, en un vocabulario compartido por los latinoamericanos.
Supermán y Batman pueden ser chavalos muy cargas, pero es imposible identificarse con ellos, y aún más difícil verlos como un modelo de conducta. Yo me quedo con El Chapu: el héroe que no le pudo caer más al pelo a los latino-americanos.