Es un santo sin festividad especial, con más cara de bribón que de bienaventurado, al que nadie le encomienda oraciones, pero que sabe cumplir muy bien cualquier encargo. Se llama Simón Templar y su alias es El Santo, así, a secas.
El Santo fue creado en 1928 por el escritor chino-británico Leslie Charteris Bowyer Chin, nacido en Singapur en 1907 y residente en los Estados Unidos desde principios de los años 30. Literatura liviana, éxito inmediato, este Simón Templar pronto fue sugerencia para llevarlo del folletín al cine.
Una cantidad apreciable de distintos filmes, a partir de 1938, y diferentes actores darían lugar a una de las sagas más populares sobre este ladrón de las mil caras, todo un caballero, ingenioso, elegante. Como dijo alguien: sería el hombre perfecto si no viviera al otro lado de la ley.
Del cine pasó a la televisión, donde casi todos recordamos (como si fuera única) la personificación hecha por Roger Moore. Magia de un arte menor, como lo es la tele.
Ese es el momento que el cine recupera con la película que se estrena hoy en diferentes salas capitalinas: El Santo. Lo hace, porque rescatar series de televisión que todos tenemos en mente, ahorra un sinfín de problemas a los que hoy dirigen el cine. Si no, que lo digan quienes lo han hecho, entre otras, en Las nuevas aventuras de Gasparín, Los Picapiedras, La familia Adams, Maverick, Los Beverly ricos, Viaje a las estrellas, Los intocables, El fugitivo.
Mentiroso en santo
Quien llega ahora como Simón Templar es un actor caprichoso e irascible: Val Kilmer (quien cobró $6 millones y sustituyó los nombres de Mel Gibson, Hugh Grant y Ralph Fiennes). Lo hace de la mano de un director experimentado, pero de resultados diferentes: Phillip Noyce (el de Juegos de patriotas, Sliver y Peligro inminente).
Precisamente, Noyce prefiere trabajar con un Santo de un pasado tortuoso y un presente lleno de riesgos y emociones. Es una combinación entre la creación literaria de Leslie Charteris ("ladrón de guante blanco y elegantes maneras") con el Batman traumatizado de Bob Kane, más algunas aventuras amorosas a lo 007.
Dice Noyce: "El Templar del filme es un maestro del robo, frío y cínico; y por primera vez contaremos la historia de su vida, la génesis de cómo un mentiroso se convirtió en santo."
Para esto, el guionista Wesley Strick, basado en el libreto de Jonathan Hensleigh, hurgó en los recuerdos del personaje y situó su infancia entre los muros de un orfelinato tenebroso, donde el futuro Simón Templar aprendió a sobrevivir y a ocultar su personalidad. Por eso se acostumbra a adoptar disfraces y distintos nombres que, luego, tendrán algo en común: son nombres de santos.
El Santo narra cómo Templar ve alterado sus planes personales con la presencia de una científica cuya vida está en peligro. Ella es Emma Russell (la actriz Elizabeth Shue), y ha descubierto que el multimillonario ruso Iván Tretiak desea autoproclamarse zar de la nueva Rusia. Por supuesto, el Santo se involucra con Emma y ahí se articula la aventura.
Queda pendiente la respuesta crítica; por ahora el público tiene la reacción inmediata en los cines Magaly, Colón 1, Capri 1, Colonial 1, San Pedro 3 y Cariari 6.