Alajuela. Hermidio Barrantes sacó patente de héroe el domingo en el Coliseo de Los Angeles, con cuatro intervenciones salvadoras que le evitaron a la Selección una paliza frente a Guatemala.
Ayer, cuando arribó al aeropuerto internacional Juan Santamaría procedente de Estados Unidos, conservó la humildad de siempre.
Curtido en las lides del futbol, conoce como pocos que este deporte suele convertir a los héroes en mártires y viceversa, como le ocurrió a su regreso del Mundial de Italia, cuando un sector de la prensa y la afición le endilgó la derrota por goleada -4 a 1- ante Checoslovaquia.
Por eso, no extrañó que ayer declinara proclamarse héroe, aunque sí admitió que lo emocionó mucho ser recibido entre vítores y aplausos.
"Me sorprendió la reacción de la gente; sinceramente no me lo esperaba, pues, a pesar del esfuerzo de todos, perdimos. Sin embargo, creo que debemos aprender de los errores y seguir adelante. Pienso que Costa Rica clasificará para asistir al Mundial".
El guardameta de 33 años monopolizó la atención de la prensa, después de fundirse en un emotivo abrazo con sus hijos Diego Andrés y Hermidio.
"En realidad, ayer (el domingo) jugamos erróneamente. Nos movió el deseo de hacer las cosas bien, pero nos desesperamos conforme pasaron los minutos. La gente debe entender que uno nunca sale dispuesto a hacer papelones. Si anotamos un gol otro gallo hubiera cantado", dijo al abrir la caja de respuestas.
En frío, repasando paso a paso su actuación memorable, el cancerbero apuntó que la jugada que determinó la victoria chapina fue irregular.
"Lo dije en Los Angeles y lo sostengo aquí. Eso no fue penal. El balón le dio en el hombro a Luis Marian, pero el árbitro -Rafael Rodríguez, salvadoreño- no lo constató por su mala ubicación y sancionó injustamente", explicó.
-Hermidio. ¿Pensó en detener el remate de Juan Carlos Plata?
"Tenía la confianza y la concentración necesaria para atajar el remate. Me dije que Plata lo lanzaría a mi derecha, pero en el camino hizo un amague y me engañó", sostuvo.
Las preguntas vienen y Hermidio las despeja con la misma seguridad con que resuelve una situación de peligro en la cabaña tricolor.
Solo se detiene cuando un admirador le pide un autógrafo o un niño lo palmotea en la espalda, regalándole un "grande, Hermidio".
Más allá de las interrogantes de la prensa, lo desconcentra un elogio que le lanza al vuelo un aficionado: "Hermidio, sos un héroe".
Gira su cabeza, busca al "padrino" del piropo, lo encara y le contesta: "¡Héroe yo!... no, de ninguna manera, solo cumplí con mi trabajo".
Retoma la compostura y cuenta algunos secretos de su profesión.
-En juegos como el de ayer, lo que importa es mentalizarse. A mí el escenario no me achica, por el contrario. Me gusta jugar con estadios llenos. El secreto está siempre en esperar la decisión del delantero.
Hermidio es un hombre de fe. Se le nota en sus respuestas, cuando la expresión "(...) gracias a Dios y a la Virgencita de Los Angeles" aparece recurrentemente.
-Hermidio: ¿El domingo jugaste el mejor partido de tu vida?
"No, el día que haga mi mejor partido le diré adiós a esta profesión. Yo no vivo de recuerdos. Trabajo duro para superar lo alcanzado en la cancha".
-¿Cómo hiciste para salir victorioso en esos lances apretados del partido, como el cabezazo de Plata o el remate a quemarropa de Rodas?
"En esas jugadas uno debe estar muy concentrado, metido de lleno en el juego, leyendo todo lo que está ocurriendo. Ayudan mucho los reflejos; la suerte cuenta solo si uno es vencido y la pelota da en el palo".
-¿Jugarás el domingo ante Estados Unidos?
"Vamos a ver, en un principio se acordó intercambiar con (Erick) Lonnis. El debería estar el domingo en el Saprissa, pero también tiene interés en jugar un partido afuera, en Estados Unidos. En realidad no importa si voy yo o ataja él. Pensemos solo esta semana en que vamos a derrotar a los gringos. ¿No le parece?
-Sí, Hermidio, tienes razón.