La voz e imagen del laureado escritor norteamericano Ernest Hemingway (1899-1961) rondará de nuevo en La Habana todo este año, en que se cumple el centenario de su naticilio y que las autoridades culturales de Cuba quieren festejar en grande.
Hemingway, Premio Nóbel de Literatura 1954, "escribió lo más importante de su obra" en la isla caribeña, aseguran los cubanos, que organizan un prolongado y maratónico homenaje al autor de El Viejo y el Mar.
Las actividades por el centenario del nacimiento del célebre novelista norteamericano, programadas entre febrero y diciembre, van desde un coloquio internacional sobre su vida y obra hasta el lanzamiento de un disco compacto multimedia de Hemingway en Cuba.
Intensa programación
Además, según se anunció este martes en rueda de prensa, habrá exposiciones de fotografías, pinturas y proyecciones de películas relacionadas con el autor de Adiós a las Armas, quien vivió una veintena de años en Cuba, donde hizo famosos algunos sitios, entre ellos los bares La Bodeguita del Medio y el Floridita, pero también la Finca Vigia y el hotel Ambos Mundos.
Las principales entidades culturales de la isla programaron también encuentros literarios, la publicación de cuatro libros, la acuñación de un sello postal en homenaje al escritor, un encuentro de teatro y hasta dos torneos de pesca, una de las pasiones del escritor norteamericano a la que daba rienda suelta en las aguas del Caribe a bordo de su yate El Pilar, en el que también persiguió submarinos nazis durante la Segunda Guerra Mundial.
Para el próximo 21 de julio, día de su nacimiento hace 100 años en Estados Unidos, el Ballet Nacional de Cuba hará una función homenaje en el Gran Teatro de La Habana.
Víctima de una depresión, Hemingway se pegó un tiro en 1961 poniendo fin a una vida llena de aventuras, que enlazó con su pasión por la literatura, la bebida y las mujeres (una de ellas fue quien lo ancló en esta la isla, según estudiosos en La Habana de su vida y obra).
Aunque Hemingway nació y murió fuera de Cuba, en la isla se le considera como especie de hijo adoptivo, cuya imagen los cubanos están empeñados en mantener viva al grado de asegurar que su espectro se pasea por la Finca Vigía, su antigua casona convertida actualmente en museo.