Un choque con un asteroide pudo haber sido el responsable de traer a la Tierra el agua que contribuyó al origen de los océanos en este planeta hace miles de millones de años, revelan dos nuevos reportes publicados en la revista científica británica Nature.
Ambos estudios confirmaron ayer que un asteroide llamado “24 Themis” tiene una superficie recubierta en casi su totalidad por una fina capa de hielo, en la que se encuentran isótopos de deuterio –o hidrógeno pesado–, moléculas presentes también en el agua de los océanos terrestres.
Ya se sospechaba que el agua de los mares de nuestro planeta –a los que se les atribuye también el origen de las formas de vida que conocemos– debía haber provenido del exterior, posiblemente de asteroides o cometas. No obstante, ahora que se halló hielo en 24 Themis es cuando se obtuvo evidencia que apoyara esa idea.
Avance. Esta es la primera vez que se encuentra hielo en la superficie de un asteroide. De hecho, hasta ahora se creía que estos cuerpos eran rocosos y oscuros.
No obstante, 24 Themis vino a cambiar la forma en que se conciben y hasta a cuestionar cómo se diferenciarán ahora de los meteoritos, a los que se les atribuía la capacidad exclusiva de contener hielo.
Además, como el asteroide 24 Themis mide unos 200 kilómetros de ancho y está en el Cinturón de Asteroides ubicado a medio camino entre las órbitas de los planetas Marte y Júpiter, los expertos creen que ahora cabe replantearse su concepción de cuál es la distancia mínima a la que un cuerpo celeste debe estar respecto al Sol para poder albergar agua o hielo.
El cómo. Ninguna misión científica ha logrado recolectar hielo ni ningún material de un asteroide, aclaran los científicos de la Universidad Johns Hopkins y la Universidad de Florida Central.
Lo que hizo fue inferir su presencia en 24 Themis gracias al análisis de los espectros de luz que estos materiales son capaces de absorber. En este caso, las mediciones mostraron coincidencia con la capacidad del hielo de absorber la luz en otros cuerpos del sistema solar.
Las indagaciones se lograron con la ayuda del telescopio infrarrojo de la agencia espacial NASA que está en la cumbre del volcán Mauna Kea. Este es un coloso inactivo ubicado en Hawái con una altitud de 4.200 metros.
Cada equipo llevó a cabo su propio análisis: uno de ellos en siete fechas diferentes entre marzo del 2002 y mayo del 2008, el otro monitoreó , incluso, el 85% del movimiento de rotación del asteroide –que dura 8,37 horas– para elaborar con ello un mapa de la superficie del cuerpo celeste.
Poniendo especial atención en cuatro puntos equidistantes del asteroide 24 Themis fue como los expertos confirmaron que no solo había hielo, sino que era abundante y constante en toda la superficie.
El análisis del espectro de la luz también mostró ciertos indicios de la posible presencia de moléculas orgánicas, compuestos de carbono similares a los que se encuentran en meteoritos primitivos. Estas sospechas abren una nueva línea de investigación para el futuro.
Lo que sigue. En sus dos reportes los científicos reconocen que ahora les quedan al menos tres preguntas por resolver: ¿cómo llegó esa agua al asteroide 24 Themis?, ¿hay más asteroides que tengan hielo? y ¿cómo es posible que el hielo del asteroide no se haya evaporado, a pesar de su cercanía al Sol?
Sobre lo primero y segundo no se esbozan aún hipótesis. Sobre lo tercero se barajan dos opciones.
Una de ellas es que 24 Themis posee un enorme reservorio interno de hielo que, de una forma u otra, emite vapor de agua (o se sublima) hacia las capas más externas de su superficie y le permite mantener la capa de agua helada por varios billones de años.
La siguiente hipótesis es que choques pequeños de otros asteroides con 24 Themis le permiten reabastecerse del hielo presente en ellos.
“24 Themis es ahora como una ventana viva hacia la comprensión de la formación del hielo en el sistema solar”, concluyó Henry Hsieh, experto británico que introdujo ambos estudios en el editorial de la última revista Nature.