La guerra vuelve a ser tema en Hollywood, y así nos llega ahora la película La caída del Halcón Negro, que tiene a su haber la presencia de un director de prestigio como lo es el inglés Ridley Scott.
El filme se basa en hechos reales. Sucede en Somalia, en 1993, cuando el ejército de los Estados Unidos se vio envuelto en los conflictos internos de esa nación, consumida por inhumanas hambrunas, guerras tribales y el poder del dictador Mohammed Farrah Aidid, cabecilla de uno de los clanes más poderosos.
En octubre de ese año, por medio de comandos especiales (Delta y Ranger), el ejército estadounidense intentó secuestrar a importantes figuras de la dictadura somalí, y lo que parecía una tarea militar de rutina se convirtió en una intensa y cruel batalla, desde el momento de la caída del primer helicóptero Black Hawk estadounidense (Halcón Negro: de aquí el título del filme).
Esa fue la llamada "Operación Irene", fracaso militar que -en 1997- dio lugar al libro Irene, escrito por el periodista Mark Bowden, que sirve de base al guion del filme.
Como especie de documento histórico, la película carece de un relato propiamente dicho. Por esa razón, toda su vehemencia estriba en describir la violencia de los hechos bélicos y en destacar los rasgos más positivos de los soldados de los Estados Unidos y de la decisión de su ejército. Aquí se suman la intensidad del filme y su actitud ideológica.
Seguramente por eso, los personajes no están claramente diseñados (sin progresión dramática), porque interesa más la dureza del combate, y de ahí que las actuaciones pierdan importancia (con actores como Josh Harnett, Ewan McGregor, Tom Sizemore y Sam Shepard).
En ese trajín queda lo mejor del filme: su esmerada e impactante puesta en escena (espectáculo visual) con su correspondiente montaje. El resto (el discurso solapado) sirve para atizar la polémica surgida entre los críticos de cine: ¿se trata o no de una película patriotera?