San José . El 26 de octubre de 1998, el huracán Mitch inició su paso devastador por América Central, donde dejó más de 9.000 muertos y pérdidas por 6.019 millones de dólares, haciendo retroceder 30 años las economías de Honduras y Nicaragua, según organismos regionales.
Un informe reciente de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) indica que el huracán Mitch "vino a ensombrecer las favorables perspectivas que empezaban a surgir en la región centroamericana", luego de décadas de guerras civiles y estancamiento económico.
Mitch, una de las peores catástrofes naturales en la historia de América Central, alcanzó la categoría cinco, el mayor grado de fuerza en la escala Saffir-Simpson, los días 26 y 27 de octubre, mientras se mantenía estacionado a unos 150 km de la costa caribeña de Honduras.
El huracán produjo inundaciones, desbordamientos de ríos y correntadas de lodos que sepultaron barrios enteros, principalmente en Honduras y Nicaragua, y en esta nación provocó el desprendimiento de una de las paredes del volcán Casitas, 130 km al noroeste de Managua, que sepultó a más de 2.000 personas.
Noticia de desastre en volcán Casitas, del 2 de noviembre de 1998
La tragedia centroamericana se prolongó por tres semanas, en las cuales socorristas locales y brigadas internacionales iban descubriendo, en poblados alejados de las capitales, la estela de muerte sembrada por el huracán.
Fotógrafos y periodistas documentaron el macabro alud del volcán Casitas en Nicaragua, donde el 29 de octubre fueron barridas cinco comunidades y cuerpos de hombres, mujeres y niños quedaron semienterrados, algunos con sus brazos en alto, en una última señal de auxilio.
También recogieron la increíble historia de la mujer que deseaba tener alas para volar, luego de ser arrastrada por el mar a decenas de kilómetros de las costas de Honduras y que fue rescatada una semana después por un buque inglés, sana y salva.
Durante el paso del Mitch, los territorios de Guatemala, Belice, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá se vieron inundados, miles de viviendas, carreteras y puentes fueron barridos y decenas de miles de hectáreas de cultivos sepultadas.
De acuerdo con la CEPAL, las pérdidas alcanzaron 6.019,7 millones de dólares, de los cuales 3.100 fueron daños directos y 2.918 fueron ingresos no percibidos.
Según el estudio del organismo regional, "en Honduras los efectos del huracán ascenderían a un monto del 80% del PIB de 1997, mientras que en Nicaragua casi al 49% del PIB".
La CEPAL advirtió de que "los efectos de por sí graves de las lluvias fueron acrecentados por la acción previa del ser humano: la deforestación, el uso intensivo de las tierras, los asentamientos humanos en las laderas de montes y márgenes de los ríos".
Durante el desarrollo de la tragedia, organismos oficiales habían calculado las víctimas en 26.000 muertos y desaparecidos -cifra modificada por la CEPAL-, así como 2,3 millones de damnificados y pérdidas totales por 7.000 millones de dólares.
El huracán también provocó epidemias y daños psicológicos en miles de personas, que aún no se reponen del imborrable drama vivivido. Muchos de ellos vieron hundirse en las corrientes de lodo y piedra a sus padres o hermanos y hoy todavía buscan sus cuerpos.
Edición periodística: Adriana Quirós Robinson, La Nación Digital. Fuente: agencias.