México, 9 mar (EFE).- La organización ecologista Greenpeace denunció hoy ante los medios de comunicación la desaparición de los ecosistemas boscosos y acuíferos que rodean el Valle de México y abastecen de agua a la capital del país (centro).
El organismo advirtió sobre el deterioro del Gran Bosque del Agua (Corredor Biológico Ajusco-Chichinautzin), que alberga un 2 por ciento de la diversidad biológica del planeta y cuyos acuíferos proporcionan el 70 por ciento del agua a Ciudad de México.
De acuerdo con la organización, el paraje pierde cada año 2.400 hectáreas de árboles y la principal amenaza que sufre se debe al desmesurado crecimiento de la zona urbana de la capital, que aumenta una hectárea al día.
Greenpeace ha llevado a los medios a reconocer la zona durante los últimos cuatro días y también ha establecido un operativo para recorrer la zona en bicicleta.
Fernando Jaramillo, del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la Universidad Autónoma de México (UNAM), señaló a EFE el perjuicio que supone el desplazamiento de las zonas agrícolas sobre las áreas de bosque y la construcción de carreteras.
"Esto ha reducido la capacidad de captación de agua del bosque y llevado a la desecación de muchos cuerpos de agua", señaló el experto.
Por cada cien hectáreas de zonas forestales urbanizadas se pierde una captación de aguas equivalente al consumo anual de 2.400 viviendas.
Los ecologistas también denunciaron la tala descontrolada de árboles que sufre esta zona ante la pasividad de las autoridades estatales y federales.
Junto a miembros de la comunidad indígena de San Juan Atzingo (municipio de Ocuilan), propietarios de los bosques, la organización afirmó que según sus cálculos se han talado de manera ilegal 250 hectáreas de bosque en el Parque Nacional Lagunas de Zempoala.
Después de la tala las áreas afectadas son incendiadas, "para eliminar toda huella".
"Las autoridades han ignorado las denuncias y se han limitado a hacer alguna que otra batida, a pesar de que se les han proporcionado matrículas de vehículos", aseguró uno de los miembros de la comunidad indígena.
Durante la visita al paraje se escuchaban con nitidez las motosierras a menos de 500 metros de la zona que los ecologistas mostraron a la prensa.
Según los indígenas, las familias dedicadas al contrabando de madera podrían radicar en los pueblos de Santa Lucía y Santa Marta, y realizar su actividad en complicidad con algunos habitantes de Huitzilac.
Los "talamontes" van armados y han amenazado repetidamente a los indígenas, que se ven obligados a denunciar de forma anónima.
Según la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) cada año se comercializan ilegalmente entre 5 y 7 millones de metros cúbicos de madera.
La Profepa cuantifica que de las 15 zonas del país que concentran el 60 por ciento de la tala ilegal, 4 se encuentran en el Bosque del Agua. EFE
jrp/jrm/bg