Bogotá. El presidente colombiano, Andrés Pastrana, reconoció el miércoles la ruptura de tres años de negociaciones con la guerrilla de las FARC, que no aceptó los controles oficiales alrededor del área neutral del sur del país, y el Ejército se prepara para recuperar esa extensa zona.
El gobernante anunció que la resistencia de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) a unos controles que "no son negociables" y su negativa a avanzar en temas sustanciales como una tregua, dieron al traste con el objetivo de la paz.
Las negociaciones emprendidas en 1999 estaban estancadas desde octubre pasado, cuando Pastrana aceptó prorrogar la vigencia legal del área de más de 42.000 kilómetros, de la que se retiraron las tropas oficiales a finales de 1998, pero con una serie de controles para evitar excesos en el interior de ese territorio.
Desde entonces la guerrilla más grande y antigua del país rechazo los sobrevuelos militares y las restricciones a la entrada de personas y provisiones y postergó el estudio de un alto el fuego, del fin de los secuestros y de la agenda común.
La noticia de la ruptura fue anticipada por el Alto Comisionado para la Paz, Camilo Gómez, tras fracasar el segundo día de reuniones en la zona de distensión, pero las FARC la desmintieron a los pocos minutos y acusaron al funcionario de "mentir" y de "echarle más combustible de manera intencional a la hoguera".
Los mandos militares y distintos sectores políticos y sociales acusaron a las FARC de utilizar la zona de diálogo, conformada por cinco municipios, para ocultar a los secuestrados, esconder el ganado y los vehículos robados, entrenarse, armarse y planear ataques.
"Como dichas medidas están desde el principio del proceso y no se modificarán, el Gobierno entiende que las FARC no continúan en la mesa y, como consecuencia de ello contarían con las 48 horas que están pactadas para su retiro de la zona", expresó Pastrana en una alocución transmitida el miércoles en la noche.
El presidente, cuyo mandato de cuatro años termina en agosto, expresó "con pesar, pero, sobre todo, con realismo y responsabilidad, que las FARC siguen colocando obstáculos al proceso de paz, haciendo imposible que sigamos avanzando".
No obstante, dejó abierta la posibilidad de seguir negociando, al manifestarles a los líderes de las FARC que "la voluntad de negociación se mantiene", y sólo falta que ellos "cumplan su palabra".
El mandatario subrayó que las Fuerzas Militares son las "más sólidas, más profesionales, más modernas y fortalecidas de nuestra historia", pero señaló que "estos son momentos para tener cabeza fría y mucha calma" para evitar "una terrible guerra sin cuartel".
Mientras tanto, por lo menos 20.000 militares comenzaron a trasladarse a los alrededores de dicha región, situada unos 350 kilómetros al sur y el este de Bogotá, para restablecer el control oficial.
Todos los sectores nacionales lamentaron la ruptura y coincidieron en que la única salida viable para el conflicto era la negociación, que podía impedir más muerte y destrucción.
Sin embargo, indicaron que la crisis del proceso era prácticamente irreversible, no solo por la falta de resultados de los últimos tres años, sino después del 11 de septiembre, tras los atentados registrados en EE.UU., que cada vez insiste más en que las FARC son un grupo terrorista y debe ser combatido como tal.
Pastrana les garantizó a los familiares de los centenares de secuestrados por la organización subversiva que se seguirá gestionando su liberación.
En cuanto al posible impacto económico, tranquilizó a los inversionistas al afirmar que el país tiene la solidez necesaria "para enfrentar la nueva situación".
De no lograrse que las FARC acepten superar los escollos, las Fuerzas Militares empezarán a aplicar el "plan B" y para ello tienen a mano la base de Tres Esquinas, cercana a la zona neutral, que se construyó en los últimos años con asesoría y apoyo financiero de EE.UU.
Edición periodística: Adriana Quirós Robinson, Editora nacion.com Fuente: agencias.