Autor de obras maestras del teatro lírico del siglo XIX, Verdi supo interpretar y reflejar con su música la aspiración a la independencia de Italia, sometida entonces al yugo austriaco. Discreto en las innovaciones, fue un compositor de recursos brillantes, dignificador de la armonía popular y genial en la concepción de temas.
Sus principales óperas siguen siendo favoritas del público y figuran en lugar prominente del repertorio mundial. "Llevó el melodrama italiano más allá de la alegría de Rossini y del romanticismo erótico de Donizetti y Bellini", y mostró gran interés en la poesía, la filosofía y los negocios.
Creó 30 óperas, diversas obras religiosas, áreas líricas para canto y piano, composiciones profanas diversas y música de cámara. Admirador del universo wagneriano, difirió de él en un aspecto: Wagner intentó alcanzar todas las posibilidades de la orquesta, y en cambio Verdi, todas las de la voz humana.
Nació en Roncole di Busetto, Parma, en hogar humilde. De marcada vocación artística, consiguió una beca para estudiar música, pero las autoridades del Conservatorio de Milán rechazaron su ingreso aduciendo que no tenía aptitudes suficientes. El maestro Lavigna sí confió en él y le otorgó sus enseñanzas.
En 1833 pasó a dirigir la orquesta municipal de Busetto. Protegido por Antonio Barezzi (con cuya hija casó en 1836), volvió a Milán y estudió composición. En 1839 estrenó, en la Scala, su primera ópera Oberto, con éxito tan clamoroso que para siempre le quedaron abiertas las puertas del exigente coliseo.
Su esposa y dos de sus hijos murieron en 1840. Repuesto del duro golpe compuso Nabucco en 1842, y nuevamente triunfó. Era la época en que los italianos aspiraban a la independencia y manifestaban su aversión al opresor, Verdi, fervoroso patriota, componía dramas de significación histórica. Sus óperas siguientes fueron Los Lombardos, Hernani, Luisa Miller.
En 1859, cuando había alcanzado el pináculo de la fama con las óperas Rigoletto, El trovador y La traviata, contrajo matrimonio con la cantante Giuseppina Strepponi. La celebridad, el éxito y la fortuna no entorpecieron su fecundidad, y continuó la cadena de triunfos con Un baile de máscaras, La fuerza del destino y Don Carlos.
La ópera Aída que compuso en 1871 para que fuera estrenada en El Cairo con motivo de la inauguración del Canal de Suez, señala una nueva y vigorosa etapa creadora en su evolución musical. Para conmemorar la muerte de Alessandro Manzoni produjo en 1873 el famoso Requiem.
Por varios años dejó de producir, pero cuando tenía 73 años compuso Otelo, y a los 80, Falstaff. Falleció en Milán y su entierro constituyó una imponente manifestación de duelo nacional.