Un nuevo libro de Guillermo Fernández Álvarez. Entre poetas, nombre conocido con La mar entre las islas, Atrios yEstocada final. En la portada, Efecto invernadero , raro nombre para un poemario. Y, al abrir el libro, ¡sorpresa!: extensas manchas de texto, las líneas recorren el ancho de la página con relativa uniformidad... ¡Es prosa!
Continúan los hallazgos: en la segunda página es narración pura, no es prosa poética, no son versos aglutinados; después de seis o siete páginas, son cuentos; un poco más allá, guarda lo mejor para los cierres, como dictan los manuales del género.
Un libro de relatos; pero ¿qué pasó con el poeta, uno de los más reconocidos de esa generación que se aproxima a los cuarenta años, y qué con el narrador? ¿Cuántos lo leerán con recelo?
Ante nuestra solicitud, Fernández hace algunas aclaraciones: "No es una antología, no recogí cuentos nuevos y viejos escritos a través de los años: el libro fue pensado; me senté a escribirlo".
Pese a su tardía aparición, "el escritor siempre estuvo allí, aunque le faltaba el tiempo, le faltaba el arrojo". Escribir un cuento exige una continuidad que no requiere la poesía, dice él. Efecto invernadero tuvo su trabajo, su investigación.
Pero hay algo más, un giro en la obra de Fernández: superar esa etiqueta de "poeta para poetas", de "autor críptico, incluso impenetrable". Efecto invernadero quiere dialogar más y mejor con sus lectores, como también lo pretende Danzas , un nuevo poemario que pronto aparecerá con el sello de la Editorial UNED.
Fernández ha escrito otro volumen de cuentos que también se quieren transparentes y está por publicarse: Hagamos un ángel.
Acaba la inquisición. Que nos hable de sus relatos para que nos cuente que son narraciones fantásticas en las que la poesía es su cómplice. Más allá de la poesía, vienen los nombres de sus extintos mentores, a quienes relee continuamente: Lovecraft, Kafka, Borges, Bradbury. Todavía más lejos: "Con los relatos puedo presentar complejas psicologías, hablar de lo que me ha obsesionado": jugar, entonces, con espíritus diáfanos y mezquinos y, especialmente, ponerlos a actuar.
Añade: "Como en mi poesía, expreso lo que históricamente me ha correspondido vivir, pero tampoco olvido que, finalmente, el escenario es un espacio para que al personaje, el más pedestre individuo, le suceda algo".
...Pero que le suceda en la calle, en el bus, en los centros nocturnos: "La literatura costarricense ha tendido a los temas paisajísticos y poco atrevidos", opina, y solo hace unos años se empieza a abordar con libertad el espacio urbano, con un mayor conocimiento de sus personajes, que son "la gente inmediata".
Gente inmediata pero en situaciones insólitas, tal vez viceversa; en este caso le corresponde narrar al alguien nuevo en el asunto: Guillermo Fernández.
El libro
Efecto invernadero , de Guillermo Fernández y publicado por la Editorial Costa Rica, se encuentra a la venta en Librería Universal a ¢1.800.