Los pantalones, las botas y hasta los sombreros los tienen bien puestos Los Tigres del Norte.
Sobrevivir casi 40 años en la música no es tarea fácil, pero más cuesta arriba se pone el sendero si a uno le da por convertir en verbo al silencio: decidir andar de vocero del pueblo, de denunciante con acordeón a lo regional mexicano con polka.
Así, con garra, Los Tigres nacidos en Sinaloa –tan lejano y olvidado como casi todos los pueblos de los que cantan– los de Norte se han dado el lujo de hacer historias comunes como las de amor y desamor, pero le han entrado a cuentos más bravos. Cantar de los que andan en malos pasos, de los gallitos a los que no asustan ni la muerte ni los balazos. De los que andan con los bolsillos llenos de dólares, pistolas “bajadas”, carrotes del año...y hasta Escobar (¿será Pablo?) sale rascando en sus cantadas.
Muchos son los que quitan el sombrero al pasar de estos Tigres: roqueros, escritores, muralistas, cineastas y gente común y corriente.
En sus bajos, voces agudas, acordeones, baterías sencillas y saxofones los tradicionales corridos mexicanos se convirtieron en otra cosa: en denuncia de largo alcance.
Han sorprendido incluso a aquellos que no entienden ni jota de español –desde el inglés Arthur Walker que les ofreció su primer contrato cuando eran unos verdaderos carajillos– hasta los japoneses porque los del Norte hasta en el país de Oriente han hecho bulla.
Acaban de publicar un compilado: 20 corridos prohibidos del cual el único inédito es El discípulo del diablo . Repasa el material sus historias de narcos, matones de bares, mujeres infieles, asesinos a sueldo y hasta algún maleantillo que se hace pasar por cura con tal de salvar el pellejo... de poco le sirve.
A propósito del compilado un Tigre, el jefe de la “gatada”, Jorge Hernández habló con Viva .
¿Como sobreviven más de 30 años en un contexto nada sencillo: ustedes ponen el dedo en la llaga?
Ha sido complicado. Ha sido un aprendizaje enorme, la comunicación con el público a través de nuestras canciones ha sido de frente a frente. Hemos cantado a la vida de muchos personajes y hemos hecho que la política y algunos problemas sociales se vuelvan un asunto de todos.
¿Se acaban las ganas?
Para nada, hemos hecho muchas canciones de muchos temas diferentes en todos estos años, pero siempre tenemos ganas de seguir haciendo más y más canciones. Tenemos toda la intención de seguir dando sorpresas que es lo que a uno lo hace seguir en este negocio.
¿Venir de Sinaloa, que como muchos otros lugares alejados de las metrópolis no son necesariamente el foco de atención de los Estados o la política, fue lo que generó en ustedes esa necesidad de cantar sobre lo que vive la gente común y corriente... que es la mayoría?
Yo creo que cuando está en poblaciones pequeñas, como lo fue el caso nuestro, uno sueña, uno quiere platicarle a otros lo que le pasa a tu gente, lo que le pasa a tu vecino. Cuales son los sufrimientos en tu vida y de ahí viene ese sentir.
¿Cambia la cosa cuando el mundo se abre y de Sinaloa pasa a tener espacio en países ?
Claro. Cuando se nos da la oportunidad, como nos sucedió a Los Tigres del Norte, de viajar, de conocer otra ciudad más importante que la tuya y pueblos más grandes que el tuyo empiezas a escuchar de otros problemas. Logramos primero llegar a la frontera entre México y los Estados Unidos y ya una vez que la cruzamos vimos los problemas de los ilegales y eso es un desarrollo. Empiezas a ver que somos muchos en Latinoamérica los que tenemos la necesidad de progresar, de educarnos. Aprendes a que eres, ves que hay problemas más grandes que los tuyos o de los que conocías cuando eras un poco más pequeño.
Entonces, realmente, se ven como La Voz del Pueblo.
Creo que sí, somos comunicadores de la voz del silencio del pueblo. Uno se ve reflejado en las historias de la gente, en cosas que la gente dice, pero que nadie escucha y de repente una canción puede lograr que ese sentir lo escuche mucha gente. Si logras hacer eso es lo mismo que levantar la voz y la gente siente que uno está haciendo algo por ellos. Y no tenemos más que agradecer a toda esa gente que por sentir así son nuestros seguidores.
En este afán de levantar la voz, de convertir el silencio en verbo ¿ha sido riesgoso para hacer los narcocorridos? Ese es terreno peligroso.
(Se ríe), pues sí, es bastante delicado. Nosotros empezamos con el corrido mexicano y decidimos hacer Contrabando y Traición , eso fue en 1973, y desde ahí cambió la temática de los corridos que hacíamos. Después un amigo de nosotros que escribe para un periódico en Boston (EE.UU.) escribe un libro en el cual nos menciona con el narcocorrido. Esa palabra de narcocorrido empezó a llamar la atención del público. Y el corrido se usaba en México para hablar de todas estas cosas, de los políticos...
Eso lo entiendo, pero son varios los músicos de este “estilo” asesinados o secuestrados por tocar este tema tan delicado. ¿Me va a decir que no temen a represalias?
No tenemos temor. En el caso de Los Tigres del Norte así nos conoció el público, haciendo historias. Incluso gente que se dedica a eso (involucrada en el tráfico) escucha nuestras canciones. No decimos en nuestras canciones que son personajes reales, el que está metido sabe sabrá que es cierto y que no.
O sea: al cae el guante...
(Se ríe) Exacto.
Además de su amigo escritor en Boston, ustedes también inspiraron al español Arturo Pérez- Reverte para la novela La Reina del Sur . ¿Qué pensaron Los Tigres cuando se enteraron que un corrido de ustedes motivaba a un escritor a hacer casi que su propio corrido que terminó en novela exitosa?
Nos dimos cuenta porque un amigo mio en París tenía un periódico que había publicado la noticia de la novela de Arturo y que hablaba de Los Tigres del Norte. Rápido conseguí el libro y ya luego nos buscamos y juntamos en Madrid. Hicimos un corrido del libro, La Reina del Sur y sigue teniendo un gran impacto hasta la fecha. Ser amigos fue algo grande y estamos platicando de hacer nuevas “telenovelas” (se ríe) en ese mismo sentido.