Los delicados movimientos del ballet no convencieron del todo a la cartaginesa Carolina Gómez Jiménez, quien a los cuatro años empezó a mirar con mucho interés las clases de gimnasia a las que asistía su hermana mayor, María Inés.
A esa edad, la ahora joven de 16 años cambió las zapatillas por el leotardo. Primero, como un juego, a fin de que estuviera ocupada mientras su madre, Maritza Jiménez Mata, esperaba que su otra hija concluyera la lección para irse de regreso a casa.
El pasatiempo se convirtió, rápidamente, en una afición que la llevará, mañana lunes, a tierras griegas para formar parte del Campamento de la Juventud Olímpica.
El campamento reunirá, del 11 al 26 de agosto, a unos 500 deportistas de todo el mundo con edades entre los 15 y 18 años.
Los muchachos cumplirán con un intenso programa cultural y deportivo paralelo a los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. Las míticas justas encenderán su antorcha del 13 al 29 de agosto.
Para ir a Grecia, los jóvenes presentaron su currículo, deportivo y académico, ante el Comité Olímpico de su país.
Por cada nación participa un atleta en la rama femenina y otro en la masculina. En el caso de Costa Rica, junto con Carolina, irá el jugador de tenis de mesa Ernesto Díaz (vea nota aparte).
Una gran noticia
“Haber sido elegida para este campamento es algo maravilloso. Es una oportunidad de oro, todavía no puedo creer que voy a estar en medio de una Olimpiada”, expresó Carolina, quien vive en Cartago y entrena en el Líder Club Gimnástico, en Pinares de Curridabat –San José–.
Su cuerpo de gimnasta empezó a formarlo a los cuatro años, pero fue a los ocho cuando sus rutinas tomaron un camino profesional.
“A esa edad participé en un torneo infantil, en Guatemala. Era mi primera competencia, todavía recuerdo lo nerviosa que me sentía”, contó.
Sin perder ese respeto por su disciplina, la joven ha ido acumulando triunfos.
Los más recientes son una medalla de bronce, por equipos, en los Juegos Centroamericanos del 2001 y el primer lugar de Costa Rica, por puntuación, en los Juegos Centroamericanos de Gimnasia del 2003.
Sus padres, Mario Gómez Somarribas y Maritza Jiménez Mata, han roto todas las “alcancías” posibles para cubrir los viajes de su hija a campeonatos internacionales en Canadá, México, Guatemala y El Salvador.
Como todo atleta que se respete, Carolina tiene una inquebrantable rutina diaria.
A primera hora del día viste el uniforme del Colegio San Luis Gonzaga, en Cartago, donde cursa décimo año. Cuando sale, a las 2:30, corre a tomar el autobús para llegar al gimnasio donde entrena, en Curridabat de San José.
Vestida con el leotardo, inicia sus tres horas de entrenamiento bajo la guía de los instructores, Sherly Reid y Francisco Loáciga.
Saltos en el potro, la viga, las barras asimétricas y una rutina de gimnasia rítmica en el piso. En esas cuatro pruebas afina los movimientos que exigen de toda su fuerza y destreza.
Cuando su trabajo acaba son las 8:30 p. m. Alguno de sus padres pasa por ella para llevarla a su casa, en Cartago centro.
Despojada del leotardo, come algo y, dándose apenas un respiro, se vuelca sobre los cuadernos para hacer tareas o estudiar para algún examen.
El sacrificio lo vale
De lunes a sábado, Carolina no tiene derecho a nada más que estudiar y entrenar.
El domingo llega su día de descanso y le da rienda suelta al ocio. Es entonces cuando va al cine, sale con sus amigos o lee las historias de Harry Potter.
“El ritmo es muy fuerte, dejo de ir a fiestas o salidas porque tengo que entrenar. Mi prioridad es la gimnasia”, dijo muy segura.
En esa competencia consigo misma, por saltar más alto o hacer mejores giros, la joven ha aprendido a ganarle el miedo a las caídas y golpes que sufre en algunos entrenamientos.
“Este deporte requiere concentración, también hay que saber acatar órdenes y reconocer errores”´, agregó la atleta.
Su meta inmediata es participar en los Juegos Centroamericanos, en el 2005, en Guatemala.
Para ese año, también se ha propuesto terminar el colegio y seguir una carrera relacionada con las ciencias del deporte.
Cuando llegue ese momento, ir a la universidad, la gimnasia podría quedar de lado. “Me encantaría seguir, pero ya estoy algo vieja y acá no se puede vivir solo del deporte, menos si uno practica otra disciplina que no sea futbol”, contó sobre sus planes.
Por ahora, a un día de partir para Atenas, y con las maletas cargadas de souvenirs para hacer algunos obsequios, Carolina solo sueña con el momento cuando podrá ver, en Atenas, los mejores gimnastas del mundo luchando por esa calificación perfecta, el 10, que garantiza las medallas.