Sus pinturas más bien parecen espejos. Reflejos de dolor y pena. Como si en los bastidores hubiera escurrido los llantos que mojaron sus sábanas. Como si las mantas sobre las que reposó su dolor se hubieran convertido en lienzos.
No podía ser distinto tratándose de la mexicana Frida Kahlo, la pintora del dolor cuya vida se apagó temprano, a los 47 años, por una neumonía, un 13 de julio de 1954, hoy hace medio siglo.
Pero su legado sigue todavía sangrante, húmedo, como recién coloreado, sobre los muchos autorretratos que piceleó, incluso, tirada sobre esa cama consoladora, en un intento por representar con arte sus sufrimientos.
Magdalena Carmen Frida Kahlo y Calderón nació en Coyoacán, México; según ella, el 7 de julio de 1910, aunque en realidad fue el 6 de julio de 1907.
Conoció el dolor desde muy joven: a los 6 años se enfermó de polio, que le dejó con una pierna más delgada que la otra, algo de lo que se sintió siempre acomplejada.
Además, a los 18 años, de regreso del colegio, el autobús en que viajaba chocó contra un tranvía y una barra de hierro le atravesó el vientre. Quedó lisiada, con graves heridas en la columna, la pelvis y la pierna.
En su lecho de convaleciente comenzó a forjar una prolífica obra –alrededor de 200 pinturas– admirada hasta por el maestro Pablo Picasso y que, como suele suceder, fue apreciada hasta muchos años después de su muerte.
Según explicó la crítica de arte Raquel Tibol a la agencia DPA, fueron las mexicanas residentes en Estados Unidos (chicanas) las que descubrieron a Frida en los años 70, mientras buscaban una figura con la que identificarse.
Hoy, muchas de sus pinturas alcanzan precios récord en el mercado.
Conocida por sus autorretratos, ella misma explicó su tendencia a retratarse: “Me pinto a mí misma porque estoy, a menudo, sola, y porque soy la persona a la que mejor conozco”.
Pronto, también las feministas estadounidenses se entusiasmaron con esta mujer. Una de ellas, la historiadora del arte neoyorquina Hayden Herrera, escribió una biografía de Frida Kahlo en 1983, que se convirtió en bestseller .
Las feministas se sentían fascinadas por la vida abierta que llevaba la artista, su bisexualidad y sus pinturas con elementos de la sexualidad femenina.
Rebelde por naturaleza y empeñada en sorprender, desde jovencita, Frida se vestía con ropas de hombre para molestar a sus familiares en las reuniones. Más tarde se cortó el pelo para hacer rabiar a su marido, el famoso muralista mexicano Diego Rivera, con quien contrajo matrimonio en 1929, pese a que era 21 años mayor que ella.
Por cierto que ese fue un matrimonio apasionado y alocado, entre dos personas de caracteres fuertes. La infidelidad de ambos cónyuges también caracterizó a esta pareja.
Aún así, ella siempre dijo que el gran amor de su vida fue el muralista, quien influenció no solo su arte, sino también hasta la forma de vestir de ella.
Por idea de Diego, Frida vistió siempre ropas tradicionales mexicanas, las cuales llegaron a simbolizarla, así como sus pobladas cejas y su bigote.
Incluso se dice que el mismo Rivera la ayudó a morir porque no soportaba verla sufrir tanto a causa de las decenas de operaciones a las que fue sometida durante su vida.
Aparte de eso, cuando Frida murió, Diego se derrumbó y no se recuperó hasta su muerte en 1957.
Aunque Frida no estaba totalmente de acuerdo, a su estilo de pintar se le identifica con la corriente surrealista.
Con la ayuda de los pintores Andre Bretón y Marcel Duchamps, ella pudo exponer algunos de sus cuadros en Estados Unidos y Europa.
En 1943 fue nombrada profesora de pintura en La Esmeralda, La Escuela de Bellas Artes del Ministerio de Educación de México, país donde expuso su arte solo una vez. En esa única exposición, una vez más escandalizó a la gente.
Enferma, hizo que la llevaran a la Galería de Arte Contemporáneo en camilla. Acostada en medio de la sala se dedicó a distraer al público, contando chistes, y bebiendo.
Hoy, la artista Frida Kahlo sigue dando de que hablar, 50 años después de su muerte.