Los costarricenses recordamos que hace veinte años, el 8 de junio de 1990, murió don Pepe. Memorable fecha. Sempiterno personaje. La preocupación y las acciones tanto como el interés vital de José Figueres por la cultura y la educación, como en muchos otros aspectos, marcaron este país.
Ese gran personaje de nuestra historia, tres veces presidente de Costa Rica, vivió toda su vida con la angustiosa preocupación de que las cuotas aportadas por el Estado para satisfacer adecuadamente estos áreas eran siempre insuficientes.
En su última presidencia (1970-1974) creó el Ministerio de Cultura, Juventud y Deporte. Fue durante ese Gobierno cuando don Pepe, en julio de 1972, en un improvisado discurso el día de la inauguración del Programa Juvenil de la Sinfónica Nacional, se refirió a la reciente inversión de millones de dólares en la compra de tractores para Obras Públicas.
Ahí, delante de decenas de niños, profesores, padres de familia, autoridades de gobierno y de instrumentos musicales, formuló la emblemática y celebrada frase: “¿Para qué tractores sin violines?” Se iniciaba ahí, oficialmente, la gran reforma del panorama musical costarricense que, por otra parte, ha significado una contribución al progreso de la vida nacional y un nuevo punto de referencia.
Por lo demás, nuestra experiencia ha servido de ejemplo, de molde a otras naciones del planeta; los gobiernos de muchos países promueven hoy la música como profesión y modus vivendi. Nosotros hemos sido el paradigma gracias a los tractores y a los violines de don Pepe.
Figueres era un ávido lector con marcadas preferencias por autores como Tolstoi (citaba de memoria párrafos enteros de La Guerra y la Paz), Anton Chejov y el filósofo Bertrand Russell. Don Pepe era escritor de señalada fluidez y claridad. Agudo en sus análisis y conceptos con un innegable don de imaginativa sabiduría narrativa.
Impulso a la cultura. En 1955 durante su primer Gobierno constitucional, en aquel documento excepcional suyo: Cartas a un ciudadano, dice: “Queremos esa educación general, física, intelectual, artística y moral, que no viene solamente de la escuela, sino también del ambiente en que el hombre se cría y vive. Queremos establecer un mínimo de cultura en nuestro pueblo' Los costarricenses de nuestro tiempo hemos prestado bastante atención a la enseñanza, pero muy poca a la cultura superior: al cultivo de las ciencias y las artes. Necesitamos más música' los pueblos no tienen suficientes instrumentos ' más pintura y escultura, más filosofía, más poesía, más literatura' Tal vez la falla más común de nuestro Gobiernos recientes, con al actual, ha sido la falta de un mayor interés, expresado en el Presupuesto Fiscal, por las obras del pensamiento y las bellas artes”.
Ante la Asamblea Legislativa el 1° de mayo de 1973 don Pepe señala: “Mis preocupaciones actuales llevan un germen de paradoja. Hace veinticinco años solo me preocupaba la pobreza. Hoy me preocupan la pobreza y la riqueza' Pero tengo otra angustia que a muchos parecerá prematura y tal vez inaudita. ¿Qué clase de sociedad y de seres humanos seremos cuando lleguemos a la abundancia? La ciencia y la productividad del trabajo están creciendo con rapidez. Lo que no está creciendo con igual rapidez es la sabiduría. Corremos el peligro de ser un pueblo rico y vulgar.”
Reveladoras frases provenientes de aquél inquieto espíritu suyo; pensamientos arraigados por la observación permanente de la realidad y del modo de ser del costarricense.
Figura descomunal de nuestra historia. Grandes fueron los territorios de su pensamiento y de su espíritu; en ellos arremetieron también el vendaval y las ráfagas de la tragedia.
A lo largo de toda su vida don Pepe quiso y supo mantener una lucha sin fin; una solidaria y ansiosa alerta por el destino y el bienestar de nuestra patria.