Un día como hoy, según la fe cristiana, Jesús fue recibido en Jerusalén con la solemnidad que un rey merecía: el pueblo creyó que, por fin, él era su salvador.
"...Cogieron ramos de palmas y salieron a recibirlo, gritando: 'Hosanna, bendito sea el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel'", narra el Evangelio de San Juan.
Esa histórica entrada, que conduciría al Mesías hasta su muerte y resurrección, es el momento que se celebra el Domingo de Ramos.
Con él se inicia también la Semana Santa o Semana Mayor de la Iglesia Católica. Así, la bendición de las palmas y las procesiones que recorrerán hoy algunas calles de Costa Rica son parte de una festividad mundial y de origen muy antiguo.
Tradición universal
"Alzaos puertas. Alzad los dinteles, puertas eternas, debe entrar el Rey de la gloria". Este es un fragmento del salmo 23, uno de los que se leen en las ceremonias correspondientes al Domingo de Ramos .
Para los católicos, este marca el comienzo de un camino que reafirmó todo lo anunciado por los profetas sobre la Pasión de Cristo.
La Biblia indica que, cuando Jesús llegó a Jerusalén, ya sabía, en medio de las aclamaciones, todo el sufrimiento que le esperaba. Por esta razón, la misa de este día incluye la lectura de versículos que refieren desde la entrada triunfal hasta la muerte de Jesús.
Según el sacerdote Alfonso Mora, miembro de la Comisión Nacional de Liturgia, tales escenas se empezaron a representar desde hace mucho tiempo en diversas partes del mundo.
En la propia Jerusalén existen evidencias históricas que datan del siglo IV sobre una peregrinación que se realizaba el Domingo de Ramos.
"El pueblo y las autoridades civiles, encabezados por los obispos, se reunían en el Monte de los Olivos para caminar hasta la Iglesia Anástasis, erigida en el lugar donde fue sepultado Jesús. Ahí terminaban con una celebración nocturna a la luz de las velas", explica Mora.
Paralelamente, en Egipto se instauró una celebración similar, precedida por una cruz vacía.
En Roma, las actividades se concentraban en la Pasión, y no fue sino hasta finales del siglo VIII que se incluyó el ritual completo.
Aunque las palmas ya estaban presentes en todas estas manifestaciones, la idea de bendecirlas surgió en el siglo XI, cerca de la Edad Media.
Poco a poco la costumbre de las procesiones extendió sus ramas a otros continentes, y llegó a América con la influencia evangelizadora de los europeos.
Rey sin apariencias
Este rito, ya instaurado oficialmente por la Iglesia Católica, es el inicio de la celebración del Domingo de Ramos. "La ceremonia comienza con la bendición de las palmas y la procesión es parte de la misa, por eso el pueblo debe unirse a ella", afirma el padre Hernán Castillo.
Según explica, el sacerdote de cada comunidad encabeza el recorrido como un representante de Cristo ante los fieles.
Así como los seguidores de Jesús le alfombraron el camino con ramas y las agitaban en señal de victoria, hoy se llevan palmas en la mano y varias niñas vestidas de "jardineras" vierten flores en el camino.
El Hosanna y otros cantos se entonan en gesto de alabanza, y los ornamentos de la Iglesia son de color rojo como símbolo de realeza.
No obstante, el sacerdote. Mora advierte que "se recibe a Jesús como a un rey pero sin olvidar su sencillez, pues él entró a Jerusalén en un potranco para demostrar que su reino no es de este mundo. Por eso también se evoca la crucifixión, sabiendo que esta responde a la trascendencia de su reinado".
Cuando terminan la procesión y la misa, las palmas que han sobrado se recogen para después molerlas y utilizar sus restos en el siguiente miércoles de ceniza: el próximo año, cuando se inicie el tiempo de Cuaresma que servirá de preámbulo a una nueva Semana Santa.