Por Alberto Cabezas
México, 4 sep (EFE).- Cargado de obsesiones, de perfeccionismo y de horas y horas de ensayos, el mundo de la música puede llevar a quienes en él se encuentran al borde de la locura o la muerte, cuenta en su última novela el mexicano Fernando Zamora.
Si el italiano Umberto Eco escribió "El nombre de la Rosa" para "matar a un monje", el joven Zamora (Ciudad de México, 1969) señala que "Triángulo de amor y muerte" (2004) recreó el sueño del alumno de música por matar a su profesor.
Tras la exitosa "Por debajo del agua" (2002), considerada por algunos críticos la primera novela gay de la Revolución mexicana, en su segundo trabajo Zamora ha creado un conjunto de personajes alrededor de la muerte de Antonio Riquelme, un profesor de música homosexual que aparece sin vida en su casa.
Los enigmáticos personajes tejen un conjunto de relaciones en las que se mezclan las ambiciones y la envidia, los celos y el amor apasionado, homosexual y heterosexual, así como la violencia de una serie de asesinatos en cadena sin resolver.
"Lo que necesitaba y por lo que elegí hacer una novela negra fue para consolidar mi capacidad narrativa", explica a EFE Zamora, quien rechaza que se considere a la novela negra un género menor.
Confiesa que habiendo estudiado piano durante doce años en la Escuela Nacional de Música es un apasionado de este arte, lo que le llevó a incorporar parte de ese mundo a la ficción.
"Los pianistas deben ser muy obsesivos porque son muchas horas y es un deseo de perfección que se puede dar con un poco de neurosis", explica Zamora, quien reconoce que ha quedado en deuda con un instrumento que le sirvió para desarrollar el gusto por la buena música.
Aunque reconoce que las obsesiones no son patrimonio exclusivo de los músicos, señala que ese campo está lleno de gente extraña.
"Mi idea (en la novela) es que el protagonista (el joven de 16 años Cristóbal Egas) ama la música por encima de cualquier otra relación", afirma Zamora.
Su primera novela, de contenido histórico, fue una parodia de la Revolución Mexicana en la que el personaje principal es una "soldadera" travesti (un hombre que se hace pasar por mujer para acompañar al soldado que ama, su pareja, en tiempos revolucionarios, de 1910 a 1917).
De nuevo, Zamora explora el mundo de las relaciones sexuales al retratar el amor de dos mujeres hermosas y misteriosas.
"Creo que cualquier tipo de libertad surge del cuerpo", explica el autor. "La gente piensa que el homsexualismo ha crecido. Yo creo que existe impronta social por ser quien uno es", agrega.
Zamora cree que "no puede haber libertad" si ésta no "comienza con el propio cuerpo", y agrega que quizás el mayor cambio de antaño a los tiempos actuales es que antes "no era un compromiso moral salir del 'closet' (armario)", algo corriente y generalmente aceptado en nuestros días.
Lo que comenzó como un experimento en busca de ejercitar más la narrativa que los recursos retóricos ha terminado en esta segunda novela, que no le cierra las puertas a profundizar más adelante en el uso del lenguaje y en buscar otra filosofía en otros trabajos.
El escritor viaja hoy a España donde participa en un proyecto de guión para un largometraje patrocinado por la Fundación Carolina, de la que el rey Juan Carlos ostenta la presidencia de honor de su patronato.
El largometraje tratará sobre un muchacho de clase baja al que acusan de asesinar y violar a un niño, y contará las peripecias en que cae una persona por estar en el lugar y en el momento equivocados. EFE
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