San Isidro de El General. En el tubular trasero de su bicicleta vio la cara de la derrota. Entre la niebla el grupo puntero se perdía hacía la meta de la etapa, entre San José y esta ciudad.
El cronómetro marcaba 40 segundos de diferencia y la angustia de Federico Ramírez crecía. A su alrededor la soledad le acompañaba.
Los segundos eran interminables para el pizzero, quien sufrió un pinchonazo cuando descendía con el grupo a 95 kilómetros por hora el Cerro de La Muerte.
Ese amargo momento estaba por terminar con la ilusión de colocarse segundo en la clasificación general detrás de su peón, el colombiano Raúl Gómez, nuevo líder de la Vuelta. Federico se paró en sus pedales y echó a rodar. El velocímetro marcaba los 100 kilómetros por hora, y el corredor brumoso, excampeón novato de la edición anterior, sacaba fuerzas de flaqueza para alcanzar a los escapados.
En el horizonte se divisaba la ciudad generaleña donde se ubicaba la meta. Federico pensaba en el todo o nada. "Sabía que debía darles alcance si no todo estaba perdido".
Como un bólido pasó al lado de los punteros para llegar a la meta con los brazos abiertos, en una acción que tenía sorprendido a su entrenador Albin Brenes. "Increíble... increíble", exclamaba el técnico al llegar a su encuentro. Los planes de Pizza Hut se habían cumplido.
Ubicaron a Gómez como un peón para que lance a Ramírez hacia la camiseta amarilla y se convierta este viernes en un eventual ganador del giro costarricense; y sacaron de la pelea a su enconado rival Musmanni, al perder con los hermanos colombianos Gustavo y Marco Wílchez, la batalla en la alta montaña y toda posibilidad de saborear el triunfo en la general individual.
Ramírez estuvo en punta de una carrera realizada entre la niebla, el mal estado de la carretera y la lluvia. El fuerte ascenso desgranó un pelotón de 59 corredores que habían partido de Lourdes de Montes de Oca.
Gómez respondió a las expectativas de Pizza Hut, equipo que partió con la idea de eliminar a Musmanni y evitar que el venezolano Henry Meneses avanzara hacia el liderato.
En un principio la misión de Gómez era ayudar a Luis Morera en la escalada para acercarlo a la camiseta amarilla, que portaba su también compañero Marco Rodríguez, quien ingresó aquí con una diferencia de 20 minutos en relación con el nuevo propietario de la camisola canaria.
La mortal subida acabó con Morera y en su lugar salió Ramírez, a quien el destino le jugó una mala pasada al estallar el tubular sin lograr terminar con el espíritu de lucha de un Federico, que lució grande en el descenso suicida cuando vio en la llanta trasera la sonrisa de la derrota.