
Hoteles, zonas residenciales, centros comerciales y cualquier local, por más pequeño que sea, no puede contar con una conexión para recibir el líquido. La posibilidad existe solo para quienes construyan casa.
La problemática, que comenzó hace cuatro años, no se debe a un faltante de agua, sino más bien a la limitada y antigua infraestructura que posee el Instituto de Acueductos y Alcantarillados (AyA).
Así lo determinó un estudio realizado en el 2005 por la empresa Concesa, según el cual, el déficit del caudal para ese año en el distrito de San Isidro de El General y localidades aledañas ya era de 32 litros por segundo en el horario de mayor demanda.
El auge de esta zona provocó que, para el 2008, el déficit de agua superara los 80 litros por segundo.
Por esto, la Junta Directiva de l a institución decidió suspender en abril del 2008 el otorgamiento de pajas de agua para locales comerciales, apartamentos y cualquier otro servicio no domiciliar.
La medida dejó a la deriva no solo proyectos nuevos sino algunos ya comenzados.
Guillermo Sánchez, director regional del AyA, aseguró que se dispuso de esta normativa antes de que el sistema colapsara.
“En un principio, la idea era no otorgar pajas de agua ni para vivienda ni para el sector comercial, pero por el derecho a la salud no podemos negarle agua a las familias; al comercio sí, ya que es para fines lucrativos”, detalló Sánchez.
“Llevo casi cinco años en esto y no me ha generado ninguna ganancia. No puedo vender los lotes sin agua porque sería una irresponsabilidad”, aseguró Carlos Mata, el desarrollador.
El AyA le pidió construir un pozo y colocar un tanque para abastecer la mitad del proyecto, pero que una vez construidos estos pasarán a la entidad.
“El tanque de 40 mil litrosy el pozo me costaron ¢70 millones, es un requisito que me pidió AyA para que me instalaran pajas de agua en la mitad del proyecto”, dijo Mata.
Alfredo Valverde, uno de los dueños del hotel Palmazul, en barrio Sinaí, recordó los múltiples problemas cuando inició la construcción en el 2008, pues les negaron la conexión pese a la existencia de una vieja paja.
Al final tuvieron que construir un pozo y un tanque por ¢15 millones y cuando les dieron la razón con la antigua conexión, le instalaron una tubería de escaso diámetro.
“Hemos estado haciendo presión sobre Acueductos para que se inicie rápidamente la construcción del nuevo, en este momento no es posible ni siquiera construir una zona franca que tenemos planeada”, afirmó el alcalde.
Héctor Fallas, presidente de la Cámara de Comercio, Turismo, Industria y Agricultura del cantón, dijo que la situación tiene paralizado el desarrollo del cantón.
Todos esperan que el AyA cumpla su promesa de contar con nueva infraestructura para el 2015.