Bogotá, 13 sep (EFE).- El ex presidente colombiano Julio César Turbay Ayala, que murió hoy en Bogotá a los 89 años, dedicó 68 de ellos sólo a la política, en la que se involucró tan pronto cumplió la mayoría de edad y de la que nunca se apartó.
El ex mandatario, uno de los políticos más influyentes del Partido Liberal a lo largo del siglo pasado, murió aquejado de diabetes y es velado en al Capitolio Nacional, sede del Legislativo, en donde transcurrió buena parte de su vida.
Sus exequias tendrán lugar mañana, miércoles, en la Catedral Primada, en la Plaza de Bolívar, también a pocos pasos de la Casa de Nariño, desde donde gobernó entre 1978 y 1982.
Turbay Ayala, cuya fama de hombre sereno, frío, analítico, dispuesto a hacer un alto para escudriñar soluciones distintas a las habituales, y un buen componedor -todo un "animal político" solían decir de él en el sentido aristotélico-, hizo política hasta su muerte, al final liberada de cualquier aspiración personal.
Para sorpresa de muchos y disgusto de otros tantos, decidió hace pocos meses respaldar al actual presidente, Alvaro Uribe, para un nuevo mandato a partir de 2006, posibilidad aún pendiente de un fallo de la Corte Constitucional.
El presidente, en declaraciones hoy a la prensa, dijo que Turbay tuvo "un amor por Colombia que nunca se extinguió, una llama de afecto que siempre creció, un gran ejemplo de amor para esta patria".
Para el ex presidente conservador Belisario Betancur (1982-1986), quien le sucedió en la jefatura del Estado en 1982, la desaparición de Turbay "es una gran pérdida para la política nacional".
"Cuando había voces que señalaban la existencia misma del presidente Turbay en declive, marchita, él daba unas manifestaciones de coraje, imaginación política y búsqueda de salidas para los problemas nacionales, que dejaban perplejo a más de uno", afirmó Betancur.
El también ex presidente liberal Ernesto Samper (1994-1998) aseguró que con la desaparición de Turbay Ayala "muere un estilo de hacer política sin odios (...) termina la generación de políticos del Frente Nacional, que fue la que de alguna manera le devolvió la paz al país luego de la violencia bipartidista; muere un estilo de hacer la política con reconciliación".
El ex presidente Andrés Pastrana (1998-2002), cuyo reciente nombramiento como embajador en Washington fue propuesto a Uribe por Turbay Ayala, dijo que el político fallecido "fue un hombre que se la jugó toda por la paz (...) un colombiano dispuesto a servir a su país".
Alfonso López Michelsen, quien ejerció la Presidencia entre 1974 y 1978, no quiso "mezclar la política con el deceso del doctor Turbay; una cosa es el dolor que debe afligir a sus familiares y el respeto que nos merece ese dolor y otra entrar a calificar su conducta en materias políticas".
Rosemberg Pabón, jefe de un comando de doce insurgentes del Movimiento 19 de Abril (M-19), que se tomaron la embajada de la República Dominicana en Bogotá en febrero de 1980, reconoció que gracias a la generosidad del entonces presidente se puso fin a la ocupación, que llevaba dos meses, y en la que medio centenar de diplomáticos eran rehenes.
"Me impresionó por el manejo tranquilo, mesurado, en la toma de la embajada. Una vez pude hablar con él en el Capitolio y me dijo: 'Rosemberg hubiera querido conocerlo en otra circunstancia'". dijo el ex guerrillero.
Su hijo, Julio César Turbay Quintero, también político, aseguró que su padre "murió pensando en la paz de Colombia, en la liberación de todos los secuestrados (...) su última propuesta fue de grandeza en busca de acuerdo humanitario para que todos los secuestrados regresen a casa".
Para el senador y ex guerrillero del M-19 Antonio Navarro, Turbay "nunca fue un hombre que se cerrara a sus posiciones; fue un conciliador, muy a su estilo, pero un conciliador. Para nosotros, los de M-19, su actitud frente a la toma de la embajada siempre la respetamos, porque fue la búsqueda de una salida no violenta a una situación muy complicada". EFE
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