Una planta eléctrica con insuficiente poder arruinó la noche a Alejandro Fernández, en su presentación musical en el estadio Ricardo Saprissa.
En la primera hora el concierto se interrumpió tres veces.
El Potrillo no se dejó abatir y, con sobriedad, intentó reanudar una y otra vez. Pero cuando se escuchaba, no se veía, y a la inversa. Una falla seguía a la otra.
Fernández llegó al país en el “velero” de su nuevo disco y cantó los mejores éxitos de su reciente producción: Viento a favor , así como temas “más viejitos”.
Desde antes de asomar la proa en el escenario, Fernández tenía garantizado el apoyo de los miles de personas que llenaron el estadio.
Como preámbulo, a las 8:09 p. m. saltó a la tarima el cantante nacional Roberto Núñez. Cantó, entre otras piezas, Te quiero , de Nino Bravo y Yo te seguiré , de Alberto Plaza.
Muy luminoso.
Fernández salió entre un impresionante juego de luces y cinco pantallas gigantes.
En medio del bullicio comenzó a cantar a las 8:53 p. m. Con traje casual “ chic ”; pues usó saco y jeans negros y corbata fucsia.
Una vez que el músico se dejó ver mientras cantaba A manos llenas , los gritos ensordecedores de sus fans (sobre todo mujeres) enviaron ráfagas de viento externando el respaldo al cantante.
Sin embargo, la luminaria duró poco. Precisamente, ese descargo espectacular fue lo que hizo fallar a la planta eléctrica que debía alimentar la tarima del músico.
A las 9 p. m. fue la primera señal. En carreras se reconectó el poder y el azteca volvió a cantar. Un regocijo que solo duró tres minutos.
Esta vez se detuvo el show por casi 15 minutos. Se desconectaron algunas pantallas y luces.
La zozobra parecía acabar con melodías como No se me hace fácil y Te voy a perder . Pero otra vez se fue la música, a las 9:36 p.m.
Al cierre de edición el concierto de Fernández navegaba en un mar de dudas sobre su continuidad. Lea mañana en Viva una crónica completa de la actividad.