En Lo simultáneo en el bodegón , José Pablo Ureña posa la mirada en los recovecos de la cocina y muestra sus objetos, aislados de cualquier otro elemento. Con la fuerza de su pintura, insufla nueva vida no solo a esos elementos, sino al género del bodegón.
La Galería Alternativa ofrece una exposición con 14 óleos de Ureña, suspendidos entre la quietud y la tensión y cargados de reflexiones sobre la pintura y su materia.
Diálogo silencioso. Para José Pablo Ureña, Lo simultáneo en el bodegón es una investigación en dos vías. “Es una forma de revisitar el género del bodegón y, a la vez, potenciar la materialidad de la pintura; en este caso, el óleo. Siento que hay mucha afinidad entre el óleo y mucho de lo que vemos aquí: carne, huesos –materia orgánica –”, explica el artista.
Para Ureña, la característica principal del bodegón y de la naturaleza muerta es la simultaneidad de conceptos que parecen opuestos. En el texto que acompaña a la exposición explica: “Lo quieto parece querer moverse, lo permanente parece mostrarse efímero, el orden parece inquietarse constantemente, lo frágil parece existir junto a lo intangible”.
El artista afirma que esa simultaneidad permite, a la representación de objetos, reflexionar sobre la vida y la muerte y sobre la futilidad de las cosas. En Lo simultáneo en el bodegón , José Pablo Ureña representa objetos de una cocina en cuadros vaciados de otros elementos y concentrados en las posibilidades expresivas de la pintura misma.
“En el siglo XX, cualquier cosa relacionada con un género pictórico pasó a ser casi irrelevante”, explica el creador.
La mirada de Ureña se fija en los alimentos en cuadros como Bodegón cocido y Escisión , y se detiene en rincones del espacio de la cocina en Cocina y Situación crítica . “La cocina me interesa por las dinámicas que puede activar, por todo el caos o la pasividad que se generan durante la manipulación de los alimentos”, explica José Pablo.
Las pinturas de Ureña brotan de la investigación de los bodegones españoles y holandeses que marcaron una era del arte. Bajo el signo estilístico del estadounidense Wayne Thiebaud, su repaso histórico le abre la oportunidad de transitar su propio camino.
En la cocina. José Pablo Ureña identifica una “afinidad entre trabajar el óleo y trabajar con un pedazo de carne, tocarlo y comerlo”. Lo que señala es la materialidad de la pintura y su condición de objeto.
“Me interesó trabajar la pintura de forma densa, pastosa, que se pudiera ver, incluso a la distancia. Es más fuerte que la propia imagen”, explica. “Provoca una lucha o un diálogo entre el signo icónico [lo representado] y el signo plástico [la materia]”, describe Ureña.
“La materialidad aparece también cuando intervengo las obras: las rayo, las rompo, las raspo y las mancho una vez que las he terminado. Es una forma de subrayar ese sentido de plasticidad”, señala.
Este método replantea además el proceso de crear una pintura, especialmente en una técnica tradicional como el óleo. “Muchas veces, el proceso de construcción de una pintura es muy ordenado y lineal. Hay obras destruidas, pero para mí eso es continuar construyéndolas en el sentido que deseo”, añade.
“Me interesaba que todo lo que hubiera en mi obra fuera pintura: nada más, sin ningún material extra”, destaca. La intervención y la transgresión de las obras recalca su carácter material y resalta las formas del óleo seco y del lienzo.
Como una muestra de ello, en la exposición se incluyen documentos de trabajo, como las fotografías que el artista toma para diseccionar la cocina, huesos roídos de cerdo y, principalmente, los restos de pintura seca, pulverizada y reconcentrada.
Color, forma y textura. Bodegón crudo se exhibe como uno de los ejemplos más condensados del método de José Pablo Ureña.
“En un principio, estaba el trozo de carne pintado como tal, representado como tradicionalmente se pinta un objeto. Empecé a borrarlo, a correr la pintura con diluyentes, hasta tener la tela en estado puro, sustituyendo la crudeza del objeto por la crudeza del material mismo”, detalla el artista.
Junto a la carne borrada aparece Resistencia , otro ejemplo que explica su condensación de representación y la materia de la pintura.
Ureña comenta el óleo: “Con esta obra, la idea era mostrar el proceso de construcción de una pintura, y el objeto que vemos: una tabla de picar.
”El propósito era tratar la propia obra, el objeto pictórico, como si fuese la misma tabla: empezar a destruirla, rasparla, rayarla con cuchillos y ver hasta qué punto permanecía la imagen”.
Sin embargo, el cuadro de mayores dimensiones y uno de los más destacados es uno limpio, discreto y silencioso. Posbodegón relumbra entre obras que estallan en color y textura.
“Un grupo de obras se relaciona con el espacio, con formas más tradicionales de representar los objetos; deseaba contraponerlo con piezas más abstractas, más frías: muestran otra cara de la cocina”, explica Ureña.
Así, Posbodegón exhibe la calma de un detalle de la cocina: es una sección de las puertas del mueble de la cocina, ampliada y sin ningún otro elemento. “Aunque yo no estoy viendo nada, lo catalogo como un bodegón”, señala.
El cuadro evidencia una intención constante en la obra de José Pablo Ureña presentada hasta ahora, y también una expectativa: su compromiso con la pintura y con la búsqueda de alternativas dentro de los géneros establecidos.
