
Ciudad del Vaticano. Desde todos los rincones del mundo, peregrinos católicos empezaron este lunes a congregarse en la monumental Plaza de San Pedro para asistir a un momento histórico y atesorarlo en sus corazones: la elección de un Papa.
Hoy, en horas de la tarde para los europeos, comenzaba dentro de la Capilla Sixtina el cónclave de los 115 cardenales electores que decidirá quién será el sucesor de Juan Pablo II, fallecido el 2 de abril a los 84 años. Se anticipa que la votación podría prolongarse algunos días.
Llenos de emoción, pero reconociendo el peso de la responsabilidad que recae sobre los cardenales para escoger al sucesor del carismático pontífice, muchos en la plaza dijeron no querer estar en los zapatos de los purpurados.
Otros no ven la hora de que salga humo de la chimenea instalada en la Capilla Sixtina, pero el humo blanco, la señal que por siglos ha anunciado al mundo que los cardenales ya escogieron un nuevo Papa.
Es un momento inolvidable para el resto de mi vida, dijo Mariana Días, una arquitecta brasileña de 27 años. Lo guardaré en mi corazón, agregó sollozando mientras seguía una misa que temprano se celebró en la Basílica de San Pedro, en una de las tres pantallas gigantes colocadas en los costados de la plaza. Horas después de la misa, los cardenales debían iniciar sus reuniones en el cónclave.
Junto a Días, miles de personas comenzaron desde temprano a ocupar posiciones en la Plaza para aguardar a que el Vaticano anuncie si los cardenales tendrán o no en la jornada una votación o si comenzarán sus escrutinios recién el martes.
Tras varios días de lluvia, el sol brillaba en el cielo romano y muchos de los peregrinos tomaban helados o se sentaban a descansar en las enormes bases de algunas de las 284 columnas dispuestas en el semicírculo de la plaza.
La multitud estaba tranquila y a la expectativa.
Me quedaré en la plaza aunque sea en un bolsa de dormir, aseguró Kathy Mullen, de Boston en Estados Unidos. Es increíble estar aquí. El último Papa (Juan Pablo II) fue muy especial, agregó Mullen, una escritora de 49 años.
Los cardenales, recuerda el padre argentino Javier Urquiz, se reúnen en una capilla decorada con el famoso fresco del Juicio Final, de Miguel Angel, una imagen muy poderosa porque esto no es un trámite de sólo entrar y salir, es difícil para ellos. Deciden por mil millones de católicos en el mundo.
Es difícil ponerse en su lugar (el de los cardenales), agrega Urquiz, porque deben leer lo que Dios les quiere decir para el mundo y eso no es fácil. Hay que verlo con fe, si no luce como algo arreglado y no es así, dijo Urquiz, de 36 años, quien está a la mitad de su licenciatura de dos años en teología en una universidad en Roma.
En el cónclave para escoger el próximo Papa, los cardenales la tienen muy difícil con el mundo como está ahora, aseguró Carmina Pele, una ama de casa española de 69 años. Yo no soy conservadora, hay que ver el mundo y dar amplitud, un poquito de apertura, agregó mientras su esposo, Antonio Ruiz, un transportista jubilado de 69 años, asegura que si la Iglesia abre la puerta, se acaba.
Ambos se alejan camino a la salida de la plaza mientras van discutiendo uno de los temas más espinosos para la Iglesia: cómo abordar asuntos como el sacerdocio de mujeres, la biotecnología, la homosexualidad, entre otros. Que la Iglesia permita los preservativos y la homosexualidad, qué les queda? No les queda nada, se terminaría la Iglesia. Pero una Iglesia sin prohibiciones podría ser, por qué no?, dijo Ruiz.
Al pie de una de las columnas dóricas y de 15 metros de altura de la plaza, el padre Luis Serrano, de Venezuela, mira el enorme ventanal por el que se asomará en los próximos días el nuevo Papa, en la fachada principal de la Basílica. Mis expectativas?, se pregunta el sacerdote de 28 años, mientras mira al ventanal ver a un Papa latinoamericano me haría sentir muy honrado, pero para un cristiano no hay fronteras.