San Lucas (10, 38-42)
En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.
Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: "Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano."
Pero el Señor contestó: "Marta, Marta: andas inquieta y nerviosa con tantas cosas: solo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán."
Palabra del Señor.
Comentario dominical
Pbro. Juan Luis Mendoza
Las dos hermanas
Las dos hermanas son Marta y María. Notan los entendidos que aquí aparecen con los mismos rasgos de carácter que en el relato de la resurrección de su hermano Lázaro (Juan 11, 1-44): la una más activa y hacendosa; la otra más quieta y contemplativa. Ambas fieles amigas de Jesús, para acogerlo y servirlo, para escucharlo y embelesarse con él. Las dos una síntesis del "ora et labora", trabajo y oración, hecho lo uno y lo otro con amor.
El breve episodio enlaza con el anterior de la parábola del buen samaritano dentro de una curiosa estructura: a lo referente al mandamiento del amor y la parábola que explica quién es el "prójimo", se une aquí el relato de la preocupación de Marta por el prójimo y lo que se afirma sobre el amor a Dios. Y, como se ha escrito, "la parábola del buen samaritano subrayaba la ayuda práctica, eficaz; Lucas se sirve ahora de otro relato para señalar la necesidad primaria de la fe en el cristiano". Marta y María, la acción y la contemplación, la ayuda y la fe.
Como dato curioso, digamos que Marta significa "señora" y que María, su hermana, no ha de confundirse con la pecadora María de Magdala o Magdalena.
María, pues, se dedica a atender al Señor y sus acompañantes, mientras aprovecha su presencia en la casa para escuchar su palabra. Es ese aspecto del relato que identificamos con la actitud de acoger en la fe y de contemplación espiritual en la unión estrecha que establece la oración, respuesta a la iniciativa de Dios que habla al corazón.
Hay que decirlo: hoy más que nunca se necesita el que dediquemos algún rato a la escucha de lo que Dios desea decirnos, de modo silencioso y personal, y a responderle mediante la oración. En caso contrario, la desenfrenada actividad, hasta la más apostólica, nos puede robar el sentido y valor, el significado de la existencia.
Se ha dicho que el que ora hace bien, pero el que ayuda a los demás hace mejor. Ambas cosas, y cada una a su tiempo, que lo hay para todo lo que se quiere de verdad. La tentación hoy es la acción con menoscabo de la oración.
Y ahí el reproche de Jesús: "Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas..." Cierto, humanamente hablando, como que hay lugar para las quejas de Marta que está sumamente atareada con el trabajo de servir alimento y bebida a Jesús y sus acompañantes que, quizás, eran más de los esperados.
En todo caso, se ore o se trabaje, hay que hacerlo con serenidad y paz, no con inquietud y desasosiego, dando cabida a la presencia de Jesús que nos repite el "no tengas miedo, yo estoy contigo".
Y ¿qué es eso de "sólo una cosa es necesaria"? Algunos han interpretado que no eran necesarias muchas cosas sobre la mesa, que bastaba una, que no tenía por qué preocuparse Marta; los más ven en la frase una invitación a prescindir de las cosas materiales, que atan tanto, y buscar más a Dios, el "mi Dios y mi todo" de Santa Teresa de Jesús, porque "solo Dios basta".
En ese sentido, María "ha escogido la mejor parte".